El 15 de septiembre de 2022, Ethereum completó una de las transformaciones técnicas más importantes de la cadena de bloques, un momento que cambió fundamentalmente la forma en que opera la red. Este evento, conocido como “La Fusión”, marcó la fecha de la unión de Ethereum que los entusiastas y desarrolladores de criptomonedas habían anticipado durante años. A diferencia de las actualizaciones de software habituales, La Fusión representó un cambio total en el mecanismo de consenso de Ethereum, pasando de la minería intensiva en energía a un modelo basado en staking. Para los poseedores de ETH, la transición fue sencilla; para el ecosistema blockchain en general, significó una nueva era de sostenibilidad y escalabilidad.
Entendiendo La Fusión: Qué ocurrió el 15 de septiembre de 2022
La Fusión del 15 de septiembre de 2022 combinó la red principal de Ethereum con la Beacon Chain, una red separada que había estado funcionando desde diciembre de 2020. Antes de esta unión, la Beacon Chain había probado el consenso de Prueba de Participación (PoS) en paralelo, construyendo infraestructura y participación de validadores en preparación para la transición definitiva.
Cuando las dos redes se fusionaron, Ethereum cambió permanentemente de Prueba de Trabajo (PoW)—el sistema basado en minería que había asegurado la red desde su creación en 2015—a Prueba de Participación (PoS). Este evento único completó lo que los desarrolladores originalmente habían planeado como “Ethereum 2.0”, una actualización que comenzó con el lanzamiento de la Beacon Chain en diciembre de 2020 y que abarcó varios años.
El momento no fue arbitrario. La red alcanzó consenso entre desarrolladores y la comunidad de que la infraestructura técnica estaba lista, y que la Beacon Chain había acumulado suficiente participación de validadores para garantizar una transición sin problemas. Cuando llegó la altura de bloque acordada el 15 de septiembre de 2022, el cambio ocurrió sin tiempo de inactividad, migración de tokens, cambios en direcciones ni interrupciones en contratos inteligentes y aplicaciones descentralizadas en funcionamiento.
De Prueba de Trabajo a Prueba de Participación: El cambio técnico principal
Antes de septiembre de 2022, Ethereum funcionaba como Bitcoin—dependiendo de mineros que competían para resolver complejos rompecabezas criptográficos, y el primero en resolverlo tenía derecho a añadir el siguiente bloque a la cadena. Este modelo PoW aseguraba la red mediante trabajo computacional, pero consumía cantidades enormes de electricidad y era accesible principalmente para quienes tenían hardware especializado.
La Prueba de Participación invirtió completamente este modelo. En lugar de mineros, la red ahora depende de validadores—participantes que bloquean (o “apostan”) su ETH para obtener el derecho y la responsabilidad de proponer y verificar bloques. Los validadores ganan recompensas apoyando el consenso, mientras que los malintencionados enfrentan penalizaciones financieras mediante un mecanismo llamado “slashing”, en el que el protocolo quema o reduce automáticamente su ETH apostado.
La transición a PoS hizo la participación más democrática. En lugar de requerir operaciones mineras a escala industrial, cualquier persona con 32 ETH puede, en teoría, operar un nodo validador, o participar a través de pools de staking que agregan contribuciones menores. Esta accesibilidad ha llevado a un conjunto de validadores más diverso en comparación con las operaciones de minería concentradas que dominaban la era PoW.
Por qué Ethereum necesitaba actualizarse
El diseño original de Ethereum logró habilitar contratos inteligentes y aplicaciones descentralizadas, dando origen a DeFi, NFTs y multitud de dApps. Sin embargo, el éxito generó problemas. A medida que aumentaba la demanda de la red, las tarifas de transacción se disparaban—frecuentemente superando los 20 a 50 dólares en períodos de alta actividad. Los tiempos de confirmación variaban de forma impredecible, frustrando a usuarios y desarrolladores por igual.
Al mismo tiempo, el consumo energético de Ethereum generó críticas. Bitcoin y Ethereum consumían tanta electricidad como países enteros, planteando dudas sobre la viabilidad ambiental de la blockchain. Plataformas competidoras como Solana y Polygon ofrecían transacciones más rápidas y baratas, amenazando la posición de Ethereum como la principal plataforma de contratos inteligentes.
El modelo PoW en sí mismo imponía límites fundamentales. Las recompensas por minería incentivaban mejoras continuas en hardware, haciendo casi imposible reducir significativamente el consumo energético sin abandonar por completo PoW. La actualización a PoS abordó todas estas preocupaciones: redujo el consumo energético en un 99.95% de la noche a la mañana, permitió una producción de bloques más rápida y sentó las bases técnicas para soluciones de escalado Layer 2 que podían manejar miles de transacciones por segundo.
Los validadores reemplazan a los mineros: Cómo el staking asegura la red
Tras la Fusión, la seguridad de Ethereum depende de la participación de los validadores. Cada validador bloquea un mínimo de 32 ETH (valor aproximado de 80,000 a 150,000 dólares según las condiciones del mercado) para participar. A cambio de asegurar la red, los validadores reciben recompensas—normalmente entre 2 y 4% anual, aunque esto varía según la cantidad total de ETH apostado y la actividad de la red.
El modelo económico desalienta ataques. Para tomar control de la red y alterar la historia, un atacante necesitaría adquirir la mayoría del ETH apostado, y arriesgarse a perderlo todo mediante slashing cuando se detecte la conducta maliciosa. Esto hace que Ethereum sea más seguro de lo que muchos creían posible sin trabajo computacional intensivo.
Los validadores deben mantener tiempo de actividad para maximizar sus recompensas; si un validador se desconecta, pierde las recompensas de ese período, pero no su principal. La conducta persistente incorrecta—como intentar validar múltiples bloques simultáneamente o hacer votos contradictorios—dispara el slashing, donde el protocolo destruye permanentemente una parte de su stake.
La participación en staking ha crecido sustancialmente. A finales de 2025, aproximadamente 30-35 millones de ETH estaban apostados, representando más del 25% del suministro total de Ethereum. Este alto nivel de participación contribuye a la seguridad de la red, aunque persisten preocupaciones sobre la centralización en grandes pools de staking y operadores de exchanges.
Qué cambió para los poseedores de ETH
Quizá la mayor tranquilidad para inversores y usuarios de ETH: nada se rompió. La Fusión no requirió ninguna acción por parte de los poseedores de ETH. Ya fuera que tu ETH estuviera en una wallet hardware, en un exchange o en un contrato inteligente, tu saldo permaneció igual, tus direcciones siguieron siendo las mismas y tu acceso no se vio afectado.
No se emitió nuevo token. No hubo airdrop. No existió un token separado llamado “ETH 2.0”. La Fusión fue simplemente una actualización del mecanismo de consenso—un cambio en cómo la red llega a acuerdo sobre el estado de la blockchain, no una sustitución del activo subyacente.
Los contratos inteligentes, las aplicaciones descentralizadas y los NFTs continuaron funcionando el 16 de septiembre de 2022, exactamente igual que el 14. La historia y los estados de los contratos permanecieron sin cambios. Esta transición sin fisuras fue un logro técnico importante, demostrando la madurez de Ethereum y la planificación cuidadosa de los desarrolladores.
Energía, tarifas y sostenibilidad: El impacto real de La Fusión
La reducción del 99.95% en consumo energético fue inmediata y dramática. Antes de la Fusión, Ethereum consumía aproximadamente 112 teravatios-hora anuales—similar al consumo eléctrico de los Países Bajos. Después, esta cifra cayó a menos de 0.5 TWh, haciendo de Ethereum una de las blockchains más eficientes energéticamente.
Este avance en sostenibilidad abordó una crítica importante a las criptomonedas y posicionó a Ethereum como una opción ambientalmente responsable. Para instituciones e inversores preocupados por ESG, La Fusión eliminó una barrera significativa para su adopción.
Sin embargo, las tarifas de transacción—una preocupación para muchos usuarios—no bajaron de forma significativa tras La Fusión. Aunque el cambio a PoS mejoró la eficiencia en la producción de bloques, las tarifas siguieron siendo principalmente impulsadas por la congestión de la red y la demanda de espacio en bloques. La verdadera solución al problema de tarifas requería soluciones de escalado separadas, lo que nos lleva a la hoja de ruta posterior a La Fusión de Ethereum.
Dencun y más allá: La evolución de Ethereum tras La Fusión
En marzo de 2024, Ethereum implementó la actualización Dencun, completando Proto-Danksharding—una característica muy esperada que introdujo las “bólas” (almacenamiento temporal de datos para soluciones Layer 2). Esta actualización específicamente apuntó a las soluciones Layer 2 basadas en rollups, reduciendo sus costos de transacción entre 10 y 100 veces, dependiendo de las condiciones de la red.
A principios de 2026, los beneficios de Dencun se han hecho evidentes. Arbitrum, Optimism y otras soluciones Layer 2 que utilizan bólas ahora ofrecen tarifas en centavos en lugar de dólares, abordando las preocupaciones de asequibilidad que afectaban a la red principal de Ethereum. La actualización demostró que la hoja de ruta post-Fusión de Ethereum estaba entregando mejoras prácticas.
De cara al futuro, las prioridades de desarrollo de Ethereum siguen centradas en escalar y mejorar la eficiencia. La sharding completa—distribuir datos entre los validadores para aumentar el rendimiento—sigue en el horizonte, aunque los plazos se han ajustado. La idea principal es que PoS ofrece la flexibilidad para implementar estas innovaciones sin el costo energético del PoW.
Riesgos del Proof-of-Stake, preocupaciones de centralización y compromisos
Aunque PoS resolvió muchos problemas de Ethereum, también introdujo nuevas consideraciones. Los grandes pools de staking y exchanges ahora controlan una participación significativa—Lido, por ejemplo, gestiona aproximadamente el 30-35% del ETH apostado, lo que genera preocupaciones de centralización. Si una sola entidad controlara suficientes validadores, teóricamente podría censurar transacciones o atacar la red.
El protocolo aborda parcialmente esto mediante mecanismos de salida: los validadores pueden unstakear y retirar su capital, penalizando intentos de concentración. Sin embargo, en la práctica, construir alternativas viables a los grandes proveedores de staking sigue siendo difícil. Algunos proponen limitar el tamaño de los pools o incentivar el staking en solitario para diversificar aún más el conjunto de validadores.
El riesgo de slashing, aunque raro, existe. Los operadores de validadores que ejecutan múltiples nodos o tienen configuraciones incorrectas pueden activar accidentalmente penalizaciones. Esto requiere diligencia operativa y comprensión de la mecánica del validador.
El camino por delante para Ethereum
La Fusión del 15 de septiembre de 2022 no fue un punto final, sino un punto de inflexión. Ethereum pasó de ser una red que defendía el trabajo computacional a una que busca optimizar accesibilidad, sostenibilidad y escalabilidad. La introducción posterior del soporte para bólas mediante Dencun demostró la efectividad de esta estrategia.
La visión más amplia sigue siendo ambiciosa: una red Ethereum capaz de soportar millones de usuarios diarios, alimentada por un conjunto de validadores descentralizado y sostenible, con la mayoría de las aplicaciones funcionando de manera rentable en Layer 2, manteniendo la seguridad garantizada por la mainnet.
Para los poseedores de ETH, esta evolución ya ha mostrado beneficios. Las preocupaciones energéticas se han abordado, las soluciones de escalado ofrecen tarifas más bajas, y la economía de los validadores atrae una participación creciente tanto de individuos como de instituciones. La fecha de la Fusión, 15 de septiembre de 2022, marcó un momento clave en el que Ethereum demostró que podía evolucionar a gran escala sin una interrupción catastrófica—una base sobre la cual se ha construido todo el progreso posterior.
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Cuándo cambió Ethereum: La fecha de la fusión de ETH y qué significó para la red
El 15 de septiembre de 2022, Ethereum completó una de las transformaciones técnicas más importantes de la cadena de bloques, un momento que cambió fundamentalmente la forma en que opera la red. Este evento, conocido como “La Fusión”, marcó la fecha de la unión de Ethereum que los entusiastas y desarrolladores de criptomonedas habían anticipado durante años. A diferencia de las actualizaciones de software habituales, La Fusión representó un cambio total en el mecanismo de consenso de Ethereum, pasando de la minería intensiva en energía a un modelo basado en staking. Para los poseedores de ETH, la transición fue sencilla; para el ecosistema blockchain en general, significó una nueva era de sostenibilidad y escalabilidad.
Entendiendo La Fusión: Qué ocurrió el 15 de septiembre de 2022
La Fusión del 15 de septiembre de 2022 combinó la red principal de Ethereum con la Beacon Chain, una red separada que había estado funcionando desde diciembre de 2020. Antes de esta unión, la Beacon Chain había probado el consenso de Prueba de Participación (PoS) en paralelo, construyendo infraestructura y participación de validadores en preparación para la transición definitiva.
Cuando las dos redes se fusionaron, Ethereum cambió permanentemente de Prueba de Trabajo (PoW)—el sistema basado en minería que había asegurado la red desde su creación en 2015—a Prueba de Participación (PoS). Este evento único completó lo que los desarrolladores originalmente habían planeado como “Ethereum 2.0”, una actualización que comenzó con el lanzamiento de la Beacon Chain en diciembre de 2020 y que abarcó varios años.
El momento no fue arbitrario. La red alcanzó consenso entre desarrolladores y la comunidad de que la infraestructura técnica estaba lista, y que la Beacon Chain había acumulado suficiente participación de validadores para garantizar una transición sin problemas. Cuando llegó la altura de bloque acordada el 15 de septiembre de 2022, el cambio ocurrió sin tiempo de inactividad, migración de tokens, cambios en direcciones ni interrupciones en contratos inteligentes y aplicaciones descentralizadas en funcionamiento.
De Prueba de Trabajo a Prueba de Participación: El cambio técnico principal
Antes de septiembre de 2022, Ethereum funcionaba como Bitcoin—dependiendo de mineros que competían para resolver complejos rompecabezas criptográficos, y el primero en resolverlo tenía derecho a añadir el siguiente bloque a la cadena. Este modelo PoW aseguraba la red mediante trabajo computacional, pero consumía cantidades enormes de electricidad y era accesible principalmente para quienes tenían hardware especializado.
La Prueba de Participación invirtió completamente este modelo. En lugar de mineros, la red ahora depende de validadores—participantes que bloquean (o “apostan”) su ETH para obtener el derecho y la responsabilidad de proponer y verificar bloques. Los validadores ganan recompensas apoyando el consenso, mientras que los malintencionados enfrentan penalizaciones financieras mediante un mecanismo llamado “slashing”, en el que el protocolo quema o reduce automáticamente su ETH apostado.
La transición a PoS hizo la participación más democrática. En lugar de requerir operaciones mineras a escala industrial, cualquier persona con 32 ETH puede, en teoría, operar un nodo validador, o participar a través de pools de staking que agregan contribuciones menores. Esta accesibilidad ha llevado a un conjunto de validadores más diverso en comparación con las operaciones de minería concentradas que dominaban la era PoW.
Por qué Ethereum necesitaba actualizarse
El diseño original de Ethereum logró habilitar contratos inteligentes y aplicaciones descentralizadas, dando origen a DeFi, NFTs y multitud de dApps. Sin embargo, el éxito generó problemas. A medida que aumentaba la demanda de la red, las tarifas de transacción se disparaban—frecuentemente superando los 20 a 50 dólares en períodos de alta actividad. Los tiempos de confirmación variaban de forma impredecible, frustrando a usuarios y desarrolladores por igual.
Al mismo tiempo, el consumo energético de Ethereum generó críticas. Bitcoin y Ethereum consumían tanta electricidad como países enteros, planteando dudas sobre la viabilidad ambiental de la blockchain. Plataformas competidoras como Solana y Polygon ofrecían transacciones más rápidas y baratas, amenazando la posición de Ethereum como la principal plataforma de contratos inteligentes.
El modelo PoW en sí mismo imponía límites fundamentales. Las recompensas por minería incentivaban mejoras continuas en hardware, haciendo casi imposible reducir significativamente el consumo energético sin abandonar por completo PoW. La actualización a PoS abordó todas estas preocupaciones: redujo el consumo energético en un 99.95% de la noche a la mañana, permitió una producción de bloques más rápida y sentó las bases técnicas para soluciones de escalado Layer 2 que podían manejar miles de transacciones por segundo.
Los validadores reemplazan a los mineros: Cómo el staking asegura la red
Tras la Fusión, la seguridad de Ethereum depende de la participación de los validadores. Cada validador bloquea un mínimo de 32 ETH (valor aproximado de 80,000 a 150,000 dólares según las condiciones del mercado) para participar. A cambio de asegurar la red, los validadores reciben recompensas—normalmente entre 2 y 4% anual, aunque esto varía según la cantidad total de ETH apostado y la actividad de la red.
El modelo económico desalienta ataques. Para tomar control de la red y alterar la historia, un atacante necesitaría adquirir la mayoría del ETH apostado, y arriesgarse a perderlo todo mediante slashing cuando se detecte la conducta maliciosa. Esto hace que Ethereum sea más seguro de lo que muchos creían posible sin trabajo computacional intensivo.
Los validadores deben mantener tiempo de actividad para maximizar sus recompensas; si un validador se desconecta, pierde las recompensas de ese período, pero no su principal. La conducta persistente incorrecta—como intentar validar múltiples bloques simultáneamente o hacer votos contradictorios—dispara el slashing, donde el protocolo destruye permanentemente una parte de su stake.
La participación en staking ha crecido sustancialmente. A finales de 2025, aproximadamente 30-35 millones de ETH estaban apostados, representando más del 25% del suministro total de Ethereum. Este alto nivel de participación contribuye a la seguridad de la red, aunque persisten preocupaciones sobre la centralización en grandes pools de staking y operadores de exchanges.
Qué cambió para los poseedores de ETH
Quizá la mayor tranquilidad para inversores y usuarios de ETH: nada se rompió. La Fusión no requirió ninguna acción por parte de los poseedores de ETH. Ya fuera que tu ETH estuviera en una wallet hardware, en un exchange o en un contrato inteligente, tu saldo permaneció igual, tus direcciones siguieron siendo las mismas y tu acceso no se vio afectado.
No se emitió nuevo token. No hubo airdrop. No existió un token separado llamado “ETH 2.0”. La Fusión fue simplemente una actualización del mecanismo de consenso—un cambio en cómo la red llega a acuerdo sobre el estado de la blockchain, no una sustitución del activo subyacente.
Los contratos inteligentes, las aplicaciones descentralizadas y los NFTs continuaron funcionando el 16 de septiembre de 2022, exactamente igual que el 14. La historia y los estados de los contratos permanecieron sin cambios. Esta transición sin fisuras fue un logro técnico importante, demostrando la madurez de Ethereum y la planificación cuidadosa de los desarrolladores.
Energía, tarifas y sostenibilidad: El impacto real de La Fusión
La reducción del 99.95% en consumo energético fue inmediata y dramática. Antes de la Fusión, Ethereum consumía aproximadamente 112 teravatios-hora anuales—similar al consumo eléctrico de los Países Bajos. Después, esta cifra cayó a menos de 0.5 TWh, haciendo de Ethereum una de las blockchains más eficientes energéticamente.
Este avance en sostenibilidad abordó una crítica importante a las criptomonedas y posicionó a Ethereum como una opción ambientalmente responsable. Para instituciones e inversores preocupados por ESG, La Fusión eliminó una barrera significativa para su adopción.
Sin embargo, las tarifas de transacción—una preocupación para muchos usuarios—no bajaron de forma significativa tras La Fusión. Aunque el cambio a PoS mejoró la eficiencia en la producción de bloques, las tarifas siguieron siendo principalmente impulsadas por la congestión de la red y la demanda de espacio en bloques. La verdadera solución al problema de tarifas requería soluciones de escalado separadas, lo que nos lleva a la hoja de ruta posterior a La Fusión de Ethereum.
Dencun y más allá: La evolución de Ethereum tras La Fusión
En marzo de 2024, Ethereum implementó la actualización Dencun, completando Proto-Danksharding—una característica muy esperada que introdujo las “bólas” (almacenamiento temporal de datos para soluciones Layer 2). Esta actualización específicamente apuntó a las soluciones Layer 2 basadas en rollups, reduciendo sus costos de transacción entre 10 y 100 veces, dependiendo de las condiciones de la red.
A principios de 2026, los beneficios de Dencun se han hecho evidentes. Arbitrum, Optimism y otras soluciones Layer 2 que utilizan bólas ahora ofrecen tarifas en centavos en lugar de dólares, abordando las preocupaciones de asequibilidad que afectaban a la red principal de Ethereum. La actualización demostró que la hoja de ruta post-Fusión de Ethereum estaba entregando mejoras prácticas.
De cara al futuro, las prioridades de desarrollo de Ethereum siguen centradas en escalar y mejorar la eficiencia. La sharding completa—distribuir datos entre los validadores para aumentar el rendimiento—sigue en el horizonte, aunque los plazos se han ajustado. La idea principal es que PoS ofrece la flexibilidad para implementar estas innovaciones sin el costo energético del PoW.
Riesgos del Proof-of-Stake, preocupaciones de centralización y compromisos
Aunque PoS resolvió muchos problemas de Ethereum, también introdujo nuevas consideraciones. Los grandes pools de staking y exchanges ahora controlan una participación significativa—Lido, por ejemplo, gestiona aproximadamente el 30-35% del ETH apostado, lo que genera preocupaciones de centralización. Si una sola entidad controlara suficientes validadores, teóricamente podría censurar transacciones o atacar la red.
El protocolo aborda parcialmente esto mediante mecanismos de salida: los validadores pueden unstakear y retirar su capital, penalizando intentos de concentración. Sin embargo, en la práctica, construir alternativas viables a los grandes proveedores de staking sigue siendo difícil. Algunos proponen limitar el tamaño de los pools o incentivar el staking en solitario para diversificar aún más el conjunto de validadores.
El riesgo de slashing, aunque raro, existe. Los operadores de validadores que ejecutan múltiples nodos o tienen configuraciones incorrectas pueden activar accidentalmente penalizaciones. Esto requiere diligencia operativa y comprensión de la mecánica del validador.
El camino por delante para Ethereum
La Fusión del 15 de septiembre de 2022 no fue un punto final, sino un punto de inflexión. Ethereum pasó de ser una red que defendía el trabajo computacional a una que busca optimizar accesibilidad, sostenibilidad y escalabilidad. La introducción posterior del soporte para bólas mediante Dencun demostró la efectividad de esta estrategia.
La visión más amplia sigue siendo ambiciosa: una red Ethereum capaz de soportar millones de usuarios diarios, alimentada por un conjunto de validadores descentralizado y sostenible, con la mayoría de las aplicaciones funcionando de manera rentable en Layer 2, manteniendo la seguridad garantizada por la mainnet.
Para los poseedores de ETH, esta evolución ya ha mostrado beneficios. Las preocupaciones energéticas se han abordado, las soluciones de escalado ofrecen tarifas más bajas, y la economía de los validadores atrae una participación creciente tanto de individuos como de instituciones. La fecha de la Fusión, 15 de septiembre de 2022, marcó un momento clave en el que Ethereum demostró que podía evolucionar a gran escala sin una interrupción catastrófica—una base sobre la cual se ha construido todo el progreso posterior.