En las últimas semanas, dos eventos han puesto de manifiesto lo crítico que resultan los procedimientos de descenso forzado en la aviación. Una avioneta llegó a situaciones de emergencia en dos continentes diferentes, evidenciando tanto el profesionalismo de los pilotos como los riesgos inherentes al transporte aéreo.
El descenso exitoso en la ruta de Pinamar
Durante la tarde de un martes, alrededor de las 13:45, el piloto Leandro Dinatolo, de 51 años, experimentó una situación crítica mientras volaba su Mooney M20. Dinatolo se dirigía desde Cañuelas hacia el Aeródromo de Villa Gesell cuando detectó que la motorización de su aeronave comenzó a fallar. En ese preciso momento, la Ruta Provincial 56 a la altura de Pinamar apareció como única opción viable para un descenso forzado.
La decisión del comandante fue acertada. Con precisión, Dinatolo maniobró su avioneta hacia la calzada del kilómetro 36, en una zona donde afortunadamente no circulaban vehículos en ese instante. Autopistas Buenos Aires (Aubasa) fue alertada de inmediato y acudió al lugar para prestar asistencia. El piloto no sufrió lesiones y los registros administrativos confirmaron que contaba con todos los permisos correspondientes. Luego del incidente, el tránsito fue cortado temporalmente y la aeronave fue trasladada a la banquina por medidas de seguridad.
Contraste dramático en México
Apenas unos meses antes, el panorama fue radicalmente diferente. El 18 de diciembre, una avioneta que viajaba desde Acapulco intentó realizar un descenso de emergencia en San Mateo Atenco, zona industrial ubicada a cinco kilómetros del aeropuerto de Toluca, aproximadamente 50 kilómetros al oeste de la Ciudad de México. La aeronave transportaba 10 personas: ocho pasajeros y dos miembros de la tripulación.
A diferencia del caso anterior, este episodio terminó en tragedia. Durante el vuelo, la avioneta presentó problemas operacionales. El piloto intentó descender en un campo de fútbol, pero no logró completar la maniobra. La aeronave impactó violentamente contra el techo metálico de un depósito perteneciente a una empresa de transporte pesado. El choque provocó un incendio de gran magnitud. El saldo fue de 10 fallecidos confirmados por autoridades locales de Protección Civil del Estado de México.
Lecciones sobre procedimientos de emergencia
Estos dos casos subrayan la importancia de múltiples factores: la experiencia del piloto, la rapidez en la toma de decisiones, la disponibilidad de espacios seguros para maniobras de emergencia y las comunicaciones inmediatas con autoridades. Mientras que Dinatolo logró salvaguardar vidas al encontrar una ruta despejada, la avioneta en México enfrentó condiciones menos favorables que terminaron en consecuencias fatales.
En ambos incidentes, la avioneta fue el centro de situaciones críticas que refleja tanto la vulnerabilidad como la capacidad de respuesta en la aviación moderna.
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Dos incidentes con avioneta en 48 horas: la importancia del aterrizaje de emergencia
En las últimas semanas, dos eventos han puesto de manifiesto lo crítico que resultan los procedimientos de descenso forzado en la aviación. Una avioneta llegó a situaciones de emergencia en dos continentes diferentes, evidenciando tanto el profesionalismo de los pilotos como los riesgos inherentes al transporte aéreo.
El descenso exitoso en la ruta de Pinamar
Durante la tarde de un martes, alrededor de las 13:45, el piloto Leandro Dinatolo, de 51 años, experimentó una situación crítica mientras volaba su Mooney M20. Dinatolo se dirigía desde Cañuelas hacia el Aeródromo de Villa Gesell cuando detectó que la motorización de su aeronave comenzó a fallar. En ese preciso momento, la Ruta Provincial 56 a la altura de Pinamar apareció como única opción viable para un descenso forzado.
La decisión del comandante fue acertada. Con precisión, Dinatolo maniobró su avioneta hacia la calzada del kilómetro 36, en una zona donde afortunadamente no circulaban vehículos en ese instante. Autopistas Buenos Aires (Aubasa) fue alertada de inmediato y acudió al lugar para prestar asistencia. El piloto no sufrió lesiones y los registros administrativos confirmaron que contaba con todos los permisos correspondientes. Luego del incidente, el tránsito fue cortado temporalmente y la aeronave fue trasladada a la banquina por medidas de seguridad.
Contraste dramático en México
Apenas unos meses antes, el panorama fue radicalmente diferente. El 18 de diciembre, una avioneta que viajaba desde Acapulco intentó realizar un descenso de emergencia en San Mateo Atenco, zona industrial ubicada a cinco kilómetros del aeropuerto de Toluca, aproximadamente 50 kilómetros al oeste de la Ciudad de México. La aeronave transportaba 10 personas: ocho pasajeros y dos miembros de la tripulación.
A diferencia del caso anterior, este episodio terminó en tragedia. Durante el vuelo, la avioneta presentó problemas operacionales. El piloto intentó descender en un campo de fútbol, pero no logró completar la maniobra. La aeronave impactó violentamente contra el techo metálico de un depósito perteneciente a una empresa de transporte pesado. El choque provocó un incendio de gran magnitud. El saldo fue de 10 fallecidos confirmados por autoridades locales de Protección Civil del Estado de México.
Lecciones sobre procedimientos de emergencia
Estos dos casos subrayan la importancia de múltiples factores: la experiencia del piloto, la rapidez en la toma de decisiones, la disponibilidad de espacios seguros para maniobras de emergencia y las comunicaciones inmediatas con autoridades. Mientras que Dinatolo logró salvaguardar vidas al encontrar una ruta despejada, la avioneta en México enfrentó condiciones menos favorables que terminaron en consecuencias fatales.
En ambos incidentes, la avioneta fue el centro de situaciones críticas que refleja tanto la vulnerabilidad como la capacidad de respuesta en la aviación moderna.