La isla enfrenta una crisis de combustibles sin precedentes desde que se agudizaron las tensiones en la región. Mientras miles de cubanos reorganizan su existencia alrededor de la escasez, la gasolina se ha convertido en el recurso más preciado —y más inaccesible— de La Habana. Las consecuencias trascienden los surtidores: tocan la cocina, el transporte, el trabajo y la supervivencia económica de millones de personas.
Cocinas apagadas: cuando la gasolina en Cuba es un lujo
En municipios como Holguín, las familias han vuelto a cocinar como en tiempos pasados. La leña arde en los fogones mientras el gas licuado —ese pequeño cilindro azul que fue símbolo de modernidad— desaparece de los mercados. Cuando finalmente aparece, su precio alcanza cifras prohibitivas: hasta 50 mil pesos cubanos en el mercado informal. “La gente se sienta a pedir porque está desesperada”, relatan vecinos al medio cubano 14 y medio.
El impacto va mucho más allá de la cocina. Negocios enteros permanecen cerrados, el transporte público funciona en modo de emergencia, y la vida laboral diaria se encuentra prácticamente paralizada. Camiones, taxis y autobuses comparten la misma realidad: sin combustible, sin circulación. Sin circulación, sin ingresos. La gasolina en Cuba se ha convertido en la llave maestra que cierra o abre todas las puertas de la vida moderna.
El engranaje complicado: así funcionan las citas para gasolina
Para quienes aún poseen un vehículo, el proceso de obtener combustible se ha transformado en un trámite kafkiano. El Estado cubano implementó la aplicación Ticket, diseñada —en teoría— para ordenar el caótico acceso a la gasolina. Los conductores deben registrarse, ingresar su número de identidad, datos del automóvil y matrícula, y después… esperar.
Con suerte, una confirmación llega entre dos o tres meses. Esto obliga a planificar viajes con semanas de anticipación, como si se tratara de expediciones imposibles. Pero incluso con la cita agendada, la incertidumbre persiste: el día señalado podrá haber solo gasolina de menor octanaje —inservible para muchos vehículos— o, simplemente, no haber nada. “La jugada está apretada, yo nunca la había visto tan dura”, confiesan motoristas que aún circulan por las calles de La Habana con una mezcla de resignación y esperanza.
México se convierte en el salvavidas de gasolina en Cuba
En medio de esta emergencia, México ha elevado su papel como proveedor energético de la isla. Hace algunos meses, el petrolero Ocean Mariner arribó a la bahía de La Habana cargado con aproximadamente 86 mil barriles de combustible procedentes del país vecino, en un intento por aliviar —aunque sea temporalmente— la escasez que paraliza la economía cubana.
Esta relación no es nueva, pero su contexto político sí lo es. La captura del presidente venezolano paralizó gran parte de los envíos que tradicionalmente llegaban desde Caracas, dejando a Cuba más dependiente que nunca de los suministros mexicanos. Funcionarios estadounidenses, como el Secretario de Energía Chris Wright, han confirmado que la administración actual permitirá que México continúe surtiendo petróleo a la isla, aunque las presiones de Washington sobre el tema permanecen constantes.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel ha insistido en que no existen conversaciones directas con la administración estadounidense más allá de asuntos migratorios, reafirmando la soberanía cubana en estas decisiones energéticas.
El costo invisible: cuando la gasolina en Cuba se compra a crédito
Sin embargo, detrás de cada envío de combustible existe una realidad económica inquietante. Según analistas como Gonzalo Monroy, director de la consultora GMEC, el esquema de venta mexicano incluye “un nivel de descuento” que mantiene precios artificialmente bajos, pero con una trampa: Cuba frecuentemente no paga de inmediato. Las cuentas por cobrar se acumulan, generando deudas que podrían volverse incobrables antes de que un eventual cambio de gobierno las condone, como sucedió en el pasado.
Este modelo insostenible plantea interrogantes sobre la viabilidad a largo plazo del suministro mexicano. Mientras tanto, los cubanos siguen esperando: en las colas por gasolina, en las citas agendadas meses adelante, en la esperanza de que alguna solución estructural termine con esta crisis que ha redefinido los términos de la vida cotidiana en la isla.
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La gasolina en Cuba hoy: esperas de meses y soluciones que nunca llegan
La isla enfrenta una crisis de combustibles sin precedentes desde que se agudizaron las tensiones en la región. Mientras miles de cubanos reorganizan su existencia alrededor de la escasez, la gasolina se ha convertido en el recurso más preciado —y más inaccesible— de La Habana. Las consecuencias trascienden los surtidores: tocan la cocina, el transporte, el trabajo y la supervivencia económica de millones de personas.
Cocinas apagadas: cuando la gasolina en Cuba es un lujo
En municipios como Holguín, las familias han vuelto a cocinar como en tiempos pasados. La leña arde en los fogones mientras el gas licuado —ese pequeño cilindro azul que fue símbolo de modernidad— desaparece de los mercados. Cuando finalmente aparece, su precio alcanza cifras prohibitivas: hasta 50 mil pesos cubanos en el mercado informal. “La gente se sienta a pedir porque está desesperada”, relatan vecinos al medio cubano 14 y medio.
El impacto va mucho más allá de la cocina. Negocios enteros permanecen cerrados, el transporte público funciona en modo de emergencia, y la vida laboral diaria se encuentra prácticamente paralizada. Camiones, taxis y autobuses comparten la misma realidad: sin combustible, sin circulación. Sin circulación, sin ingresos. La gasolina en Cuba se ha convertido en la llave maestra que cierra o abre todas las puertas de la vida moderna.
El engranaje complicado: así funcionan las citas para gasolina
Para quienes aún poseen un vehículo, el proceso de obtener combustible se ha transformado en un trámite kafkiano. El Estado cubano implementó la aplicación Ticket, diseñada —en teoría— para ordenar el caótico acceso a la gasolina. Los conductores deben registrarse, ingresar su número de identidad, datos del automóvil y matrícula, y después… esperar.
Con suerte, una confirmación llega entre dos o tres meses. Esto obliga a planificar viajes con semanas de anticipación, como si se tratara de expediciones imposibles. Pero incluso con la cita agendada, la incertidumbre persiste: el día señalado podrá haber solo gasolina de menor octanaje —inservible para muchos vehículos— o, simplemente, no haber nada. “La jugada está apretada, yo nunca la había visto tan dura”, confiesan motoristas que aún circulan por las calles de La Habana con una mezcla de resignación y esperanza.
México se convierte en el salvavidas de gasolina en Cuba
En medio de esta emergencia, México ha elevado su papel como proveedor energético de la isla. Hace algunos meses, el petrolero Ocean Mariner arribó a la bahía de La Habana cargado con aproximadamente 86 mil barriles de combustible procedentes del país vecino, en un intento por aliviar —aunque sea temporalmente— la escasez que paraliza la economía cubana.
Esta relación no es nueva, pero su contexto político sí lo es. La captura del presidente venezolano paralizó gran parte de los envíos que tradicionalmente llegaban desde Caracas, dejando a Cuba más dependiente que nunca de los suministros mexicanos. Funcionarios estadounidenses, como el Secretario de Energía Chris Wright, han confirmado que la administración actual permitirá que México continúe surtiendo petróleo a la isla, aunque las presiones de Washington sobre el tema permanecen constantes.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel ha insistido en que no existen conversaciones directas con la administración estadounidense más allá de asuntos migratorios, reafirmando la soberanía cubana en estas decisiones energéticas.
El costo invisible: cuando la gasolina en Cuba se compra a crédito
Sin embargo, detrás de cada envío de combustible existe una realidad económica inquietante. Según analistas como Gonzalo Monroy, director de la consultora GMEC, el esquema de venta mexicano incluye “un nivel de descuento” que mantiene precios artificialmente bajos, pero con una trampa: Cuba frecuentemente no paga de inmediato. Las cuentas por cobrar se acumulan, generando deudas que podrían volverse incobrables antes de que un eventual cambio de gobierno las condone, como sucedió en el pasado.
Este modelo insostenible plantea interrogantes sobre la viabilidad a largo plazo del suministro mexicano. Mientras tanto, los cubanos siguen esperando: en las colas por gasolina, en las citas agendadas meses adelante, en la esperanza de que alguna solución estructural termine con esta crisis que ha redefinido los términos de la vida cotidiana en la isla.