El historiador económico Roy Hora ofrece una perspectiva compleja sobre la trayectoria de Javier Milei en la presidencia argentina. Según su análisis, la evolución del mandatario en estos años —desde su llegada a la Casa Rosada hasta la actualidad— revela una transformación menos rupturista de lo que prometía durante su campaña y más alineada con las tradiciones políticas argentinas. En diálogo con LA NACION, Hora disecciona el liderazgo presidencial, sus fundamentos económicos y las implicaciones históricas de las políticas implementadas.
De outsider radical a figura del sistema político
Cuando Milei llegó al poder, se presentaba como un experimento político genuinamente innovador, caracterizado por su condición de outsider que desafiaba el establishment. Sin embargo, con el transcurso de su gestión, la realidad ha sido más matizada. “El éxito electoral que alcanzó Milei no solo en 2023 sino también en 2025 lo convirtió en una figura con mucha más capacidad para sintonizar con el sistema político argentino”, señala Hora.
Este fenómeno histórico tiene pocas comparaciones. El académico identifica a Juan Domingo Perón como el único anterior “verdadero outsider” que llegó desde fuera del sistema político establecido. La paradoja radica en que los propios logros presidenciales —especialmente la reducción de inflación y los resultados electorales— transformaron a quien prometía romper todo el sistema en una figura capaz de entender y operar dentro de las dinámicas políticas tradicionales. Hora destaca que, aunque Milei mantiene elementos de ruptura, su gestión exhibe claras continuidades con la larga historia de liderazgos potentes que caracterizan la política argentina.
El ajuste económico sin precedentes: magnitud y contexto histórico
El aspecto más distintivo de la administración Milei es la magnitud del ajuste fiscal implementado en sus primeros meses. “La muy drástica baja del gasto público que lanzó en los primeros meses de su gobierno no tiene paralelos en la historia argentina”, afirma Hora. Aunque otros presidentes —desde Perón en 1952-53 hasta gobiernos posteriores— implementaron planes de ajuste, ninguno alcanzó la envergadura del ejecutado por Milei.
Este ajuste responde, según el historiador económico, a la acumulación de problemas macroeconómicos que se extienden por al menos dos décadas. Hora identifica dos puntos de quiebre particularmente críticos: primero, el incremento masivo del gasto público durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner, que elevó el gasto en más de 15 puntos del PBI, creando un escenario que resultaba insostenible a mediano y largo plazo. Segundo, la incapacidad de posteriores administraciones —tanto la de Mauricio Macri como la de Alberto Fernández— para alterar efectivamente ese rumbo.
La combinación de estancamiento inflacionario, deterioro de servicios públicos y disfuncionalidad económica abrió inevitablemente la puerta a una impugnación radical del modelo económico prevalente.
Argentina en el siglo XX: la tragedia económica de una nación mal posicionada
Para entender la coyuntura actual, Hora propone un análisis de largo plazo que remonta a finales del siglo XIX. En ese período, Argentina construyó un orden institucional sólido que, combinado con recursos naturales excepcionales —especialmente la pampa— la posicionó como una economía dinámica. Entre 1880 y la década de 1920, el país experimentó crecimiento acelerado, incluso superior al de las naciones del Atlántico Norte. Por entonces, Argentina ostentaba la sexta o séptima flota naval mundial, y cuando se mide per cápita, se ubicaba entre las tres primeras del planeta.
Sin embargo, esta prosperidad relativa generó una transformación social compleja: Argentina se convirtió en una sociedad urbana sofisticada, con clases medias significativas, obreros integrados en sindicatos, y una metrópolis como Buenos Aires que competía en modernidad con las grandes capitales europeas. Esta estructura social ambiciosa —que esperaba niveles de bienestar crecientes— se chocó inevitablemente con limitaciones económicas cuando las circunstancias internacionales cambiaron a partir de los años 30.
El verdadero dilema argentino, según Hora, radica en una tragedia económica propia del siglo XX: mientras Europa y Estados Unidos se convirtieron en los motores del capitalismo global, Argentina siempre estuvo “mal encuadrada” en ese universo. La sociedad argentina era demasiado similar a la estadounidense en términos de niveles salariales, patrones de consumo y aspiraciones, pero las economías eran competitivas, no complementarias. A diferencia de Brasil —cuya agricultura tropical y recursos minerales la hacían compatible— Argentina enfrentaba competencia directa con Estados Unidos en productos del clima templado.
De la industrialización cerrada al callejón sin salida
Frente a esta tensión estructural, Argentina optó por la protección del sector industrial y el cierre de la economía. Este camino “podía producir más bienestar, pero difícilmente pudiera generar el crecimiento potente del período anterior”, según Hora. Desde entonces, “el motor del crecimiento argentino se fue llenando de arena” hasta que, desde los años 90, en un mundo menos amable con la industrialización cerrada, los rendimientos en bienestar se tornaron creciente menores.
La consecuencia lógica fue una economía que dejó de funcionar dentro del marco de un sistema globalizado, generando la crisis contemporánea. Lo que presenciamos actualmente representa un momento de ruptura del modelo anterior: Argentina se reposiciona hacia la apertura global, pero lo hace en un contexto geopolítico complejo.
La apertura global en un mundo hostil: la alianza con Estados Unidos
Aquí surge una paradoja fundamental. “Ahora la Argentina se abre mucho más que en otras épocas y quizás no es el mejor momento para que esto suceda”, advierte Hora. El mundo contemporáneo se mueve en una dirección que contradice la lógica de la globalización que caracterizó décadas anteriores. La administración Milei apuesta su estabilidad a la alianza con Estados Unidos, estableciendo una cercanía sin precedentes entre un gobierno argentino y Washington.
Este alineamiento constituye una novedad histórica. Diversas administraciones anteriores —desde Juan Domingo Perón hasta Arturo Frondizi— intentaron establecer relaciones productivas con Estados Unidos mediante inversión extranjera en sectores como energía y automotriz, pero siempre enfrentaron tensiones estructurales. Ahora, según Hora, existe una oportunidad genuina porque los nuevos pilares de la economía argentina —energía y minerales— representan productos que podrían colocar al país en una relación más complementaria con Estados Unidos, en lugar de competitiva.
Sin embargo, esta oportunidad depende crucialmente de dos factores frágiles: primero, la relación personal entre Milei y Donald Trump, dos figuras disruptivas cuya permanencia en el poder no está garantizada; segundo, la capacidad de convertir este acercamiento personal en una política pública sustentable en el tiempo. El historiador económico reconoce que “veremos si este nuevo alineamiento internacional es lo suficientemente potente como para dar alguna respuesta a los problemas” estructurales que enfrenta Argentina.
La ventana de oportunidad existe, pero los riesgos geopolíticos y de sostenibilidad son considerables en un contexto donde la globalización misma está cuestionada a nivel mundial.
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Roy Hora analiza el paradójico liderazgo económico de Milei: continuidad histórica versus ruptura radical
El historiador económico Roy Hora ofrece una perspectiva compleja sobre la trayectoria de Javier Milei en la presidencia argentina. Según su análisis, la evolución del mandatario en estos años —desde su llegada a la Casa Rosada hasta la actualidad— revela una transformación menos rupturista de lo que prometía durante su campaña y más alineada con las tradiciones políticas argentinas. En diálogo con LA NACION, Hora disecciona el liderazgo presidencial, sus fundamentos económicos y las implicaciones históricas de las políticas implementadas.
De outsider radical a figura del sistema político
Cuando Milei llegó al poder, se presentaba como un experimento político genuinamente innovador, caracterizado por su condición de outsider que desafiaba el establishment. Sin embargo, con el transcurso de su gestión, la realidad ha sido más matizada. “El éxito electoral que alcanzó Milei no solo en 2023 sino también en 2025 lo convirtió en una figura con mucha más capacidad para sintonizar con el sistema político argentino”, señala Hora.
Este fenómeno histórico tiene pocas comparaciones. El académico identifica a Juan Domingo Perón como el único anterior “verdadero outsider” que llegó desde fuera del sistema político establecido. La paradoja radica en que los propios logros presidenciales —especialmente la reducción de inflación y los resultados electorales— transformaron a quien prometía romper todo el sistema en una figura capaz de entender y operar dentro de las dinámicas políticas tradicionales. Hora destaca que, aunque Milei mantiene elementos de ruptura, su gestión exhibe claras continuidades con la larga historia de liderazgos potentes que caracterizan la política argentina.
El ajuste económico sin precedentes: magnitud y contexto histórico
El aspecto más distintivo de la administración Milei es la magnitud del ajuste fiscal implementado en sus primeros meses. “La muy drástica baja del gasto público que lanzó en los primeros meses de su gobierno no tiene paralelos en la historia argentina”, afirma Hora. Aunque otros presidentes —desde Perón en 1952-53 hasta gobiernos posteriores— implementaron planes de ajuste, ninguno alcanzó la envergadura del ejecutado por Milei.
Este ajuste responde, según el historiador económico, a la acumulación de problemas macroeconómicos que se extienden por al menos dos décadas. Hora identifica dos puntos de quiebre particularmente críticos: primero, el incremento masivo del gasto público durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner, que elevó el gasto en más de 15 puntos del PBI, creando un escenario que resultaba insostenible a mediano y largo plazo. Segundo, la incapacidad de posteriores administraciones —tanto la de Mauricio Macri como la de Alberto Fernández— para alterar efectivamente ese rumbo.
La combinación de estancamiento inflacionario, deterioro de servicios públicos y disfuncionalidad económica abrió inevitablemente la puerta a una impugnación radical del modelo económico prevalente.
Argentina en el siglo XX: la tragedia económica de una nación mal posicionada
Para entender la coyuntura actual, Hora propone un análisis de largo plazo que remonta a finales del siglo XIX. En ese período, Argentina construyó un orden institucional sólido que, combinado con recursos naturales excepcionales —especialmente la pampa— la posicionó como una economía dinámica. Entre 1880 y la década de 1920, el país experimentó crecimiento acelerado, incluso superior al de las naciones del Atlántico Norte. Por entonces, Argentina ostentaba la sexta o séptima flota naval mundial, y cuando se mide per cápita, se ubicaba entre las tres primeras del planeta.
Sin embargo, esta prosperidad relativa generó una transformación social compleja: Argentina se convirtió en una sociedad urbana sofisticada, con clases medias significativas, obreros integrados en sindicatos, y una metrópolis como Buenos Aires que competía en modernidad con las grandes capitales europeas. Esta estructura social ambiciosa —que esperaba niveles de bienestar crecientes— se chocó inevitablemente con limitaciones económicas cuando las circunstancias internacionales cambiaron a partir de los años 30.
El verdadero dilema argentino, según Hora, radica en una tragedia económica propia del siglo XX: mientras Europa y Estados Unidos se convirtieron en los motores del capitalismo global, Argentina siempre estuvo “mal encuadrada” en ese universo. La sociedad argentina era demasiado similar a la estadounidense en términos de niveles salariales, patrones de consumo y aspiraciones, pero las economías eran competitivas, no complementarias. A diferencia de Brasil —cuya agricultura tropical y recursos minerales la hacían compatible— Argentina enfrentaba competencia directa con Estados Unidos en productos del clima templado.
De la industrialización cerrada al callejón sin salida
Frente a esta tensión estructural, Argentina optó por la protección del sector industrial y el cierre de la economía. Este camino “podía producir más bienestar, pero difícilmente pudiera generar el crecimiento potente del período anterior”, según Hora. Desde entonces, “el motor del crecimiento argentino se fue llenando de arena” hasta que, desde los años 90, en un mundo menos amable con la industrialización cerrada, los rendimientos en bienestar se tornaron creciente menores.
La consecuencia lógica fue una economía que dejó de funcionar dentro del marco de un sistema globalizado, generando la crisis contemporánea. Lo que presenciamos actualmente representa un momento de ruptura del modelo anterior: Argentina se reposiciona hacia la apertura global, pero lo hace en un contexto geopolítico complejo.
La apertura global en un mundo hostil: la alianza con Estados Unidos
Aquí surge una paradoja fundamental. “Ahora la Argentina se abre mucho más que en otras épocas y quizás no es el mejor momento para que esto suceda”, advierte Hora. El mundo contemporáneo se mueve en una dirección que contradice la lógica de la globalización que caracterizó décadas anteriores. La administración Milei apuesta su estabilidad a la alianza con Estados Unidos, estableciendo una cercanía sin precedentes entre un gobierno argentino y Washington.
Este alineamiento constituye una novedad histórica. Diversas administraciones anteriores —desde Juan Domingo Perón hasta Arturo Frondizi— intentaron establecer relaciones productivas con Estados Unidos mediante inversión extranjera en sectores como energía y automotriz, pero siempre enfrentaron tensiones estructurales. Ahora, según Hora, existe una oportunidad genuina porque los nuevos pilares de la economía argentina —energía y minerales— representan productos que podrían colocar al país en una relación más complementaria con Estados Unidos, en lugar de competitiva.
Sin embargo, esta oportunidad depende crucialmente de dos factores frágiles: primero, la relación personal entre Milei y Donald Trump, dos figuras disruptivas cuya permanencia en el poder no está garantizada; segundo, la capacidad de convertir este acercamiento personal en una política pública sustentable en el tiempo. El historiador económico reconoce que “veremos si este nuevo alineamiento internacional es lo suficientemente potente como para dar alguna respuesta a los problemas” estructurales que enfrenta Argentina.
La ventana de oportunidad existe, pero los riesgos geopolíticos y de sostenibilidad son considerables en un contexto donde la globalización misma está cuestionada a nivel mundial.