Un gran éxito para el equipo de balonmano alemán: tras años de sequía, la selección de Alfred Gislason vuelve a estar en la final del Campeonato de Europa. Con la victoria de 31:28 contra Croacia (17:15 en la primera mitad), el equipo alemán asegura también su primera medalla desde 2016. El camino hasta allí fue exigente: el llamado “grupo de la muerte” planteó altas demandas, que el equipo pudo superar.
Primera mitad dramática, segunda mitad dominante
El encuentro contra Croacia se convirtió inicialmente en un asunto lleno de tensión. En los primeros 30 minutos, ambos equipos se enfrentaron en un intercambio intenso, con Alemania liderando 17:15. Tras el descanso, la situación cambió: el equipo alemán jugó con mayor seguridad y precisión. La ventaja creció de manera constante y, al final, se impuso claramente con 31:28. Este aumento en el rendimiento en la segunda mitad fue decisivo para avanzar a la final.
La obra maestra de Gislason en el sistema defensivo
El cambio táctico del entrenador Alfred Gislason tras el descanso demostró ser una jugada inteligente. El sistema defensivo alemán se hizo más compacto y agresivo, lo que dificultó mucho a Croacia. Observadores como el comentarista deportivo Alfred Bosbach destacaron en las primeras reacciones lo profesional que fue la adaptación del equipo a su estilo de juego. Esta flexibilidad y fuerte voluntad muestran que los jugadores alemanes de balonmano no solo poseen calidad individual, sino que también pueden funcionar como una unidad.
A la final
La clasificación para la final significa para Alemania un regreso bienvenido al gran escenario del balonmano europeo. Con esta actuación contra Croacia, el equipo se ha clasificado de manera impresionante para la pelea por el título. La próxima tarea ya espera, pero primero el equipo alemán de balonmano puede celebrar este importante logro.
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Los jugadores alemanes de balonmano hacen historia: regreso a la final del Campeonato de Europa después de diez años
Un gran éxito para el equipo de balonmano alemán: tras años de sequía, la selección de Alfred Gislason vuelve a estar en la final del Campeonato de Europa. Con la victoria de 31:28 contra Croacia (17:15 en la primera mitad), el equipo alemán asegura también su primera medalla desde 2016. El camino hasta allí fue exigente: el llamado “grupo de la muerte” planteó altas demandas, que el equipo pudo superar.
Primera mitad dramática, segunda mitad dominante
El encuentro contra Croacia se convirtió inicialmente en un asunto lleno de tensión. En los primeros 30 minutos, ambos equipos se enfrentaron en un intercambio intenso, con Alemania liderando 17:15. Tras el descanso, la situación cambió: el equipo alemán jugó con mayor seguridad y precisión. La ventaja creció de manera constante y, al final, se impuso claramente con 31:28. Este aumento en el rendimiento en la segunda mitad fue decisivo para avanzar a la final.
La obra maestra de Gislason en el sistema defensivo
El cambio táctico del entrenador Alfred Gislason tras el descanso demostró ser una jugada inteligente. El sistema defensivo alemán se hizo más compacto y agresivo, lo que dificultó mucho a Croacia. Observadores como el comentarista deportivo Alfred Bosbach destacaron en las primeras reacciones lo profesional que fue la adaptación del equipo a su estilo de juego. Esta flexibilidad y fuerte voluntad muestran que los jugadores alemanes de balonmano no solo poseen calidad individual, sino que también pueden funcionar como una unidad.
A la final
La clasificación para la final significa para Alemania un regreso bienvenido al gran escenario del balonmano europeo. Con esta actuación contra Croacia, el equipo se ha clasificado de manera impresionante para la pelea por el título. La próxima tarea ya espera, pero primero el equipo alemán de balonmano puede celebrar este importante logro.