Kalina de Bulgaria, la princesa deportista conocida por su dedicación al entrenamiento con cargas pesadas, ha transmitido su pasión por las artes marciales y la vida saludable a la siguiente generación. Su hijo, el príncipe Simeón Hassan Muñoz, acaba de completar una transformación extraordinaria convirtiéndose en discípulo del legendario kung-fu Shaolin, bajo el nombre chino Si Miao Tian, que significa “gran discípulo de Buda del magnífico cielo”. Este logro representa la culminación de una tradición familiar donde el deporte, la aventura y la excelencia física son valores fundamentales.
La filosofía deportista de Kalina de Bulgaria
Kalina de Bulgaria siempre ha sido una firme defensora del estilo de vida fitness y la filosofía del equilibrio físico. “Me gusta la filosofía y el estilo de vida fitness. Estar en forma buscando unos parámetros de equilibrio y armonía. Mens sana in corpore sano. Si no entreno, no me encuentro bien. Es la única razón. Es salud, bienestar y felicidad”, compartió la princesa en una entrevista reciente. Su compromiso con el bienestar no se limita al culturismo; ella también practica kung-fu y taekwondo, deportes que complementan su musculatura de acero y su filosofía de vida holística.
Este enfoque hacia el deporte no fue casualidad. Kalina de Bulgaria desarrolló su pasión por las artes marciales desde temprana edad, influyendo directamente en la decisión de su hijo de buscar entrenamiento en una de las academias más prestigiosas del mundo. Su marido, Antonio José “Kitín” Muñoz Valcárcel, un explorador avezado, también contribuyó a inculcar en Simeón el amor por la aventura y las nuevas experiencias, creando una familia que valora el desafío personal y la superación constante.
El viaje del príncipe Simeón: Entrenamiento intenso en la Academia Shaolin
En 2025, a los 18 años, el príncipe Simeón reveló su decisión de ingresar a la Academia Shaolin ubicada en el monte Song, en la provincia de Henan, China. Tras aprobar todas las evaluaciones impuestas por los monjes que dirigen la institución, se mudó en noviembre para comenzar una experiencia transformadora. “He sido aceptado y viviré con ellos en China. Su historia se remonta a unos 1500 años. Todos son maestros de kung-fu, la madre de las artes marciales, y quiero aprender de ellos”, expresó el joven con entusiasmo al anunciar su llegada a la Academia Shaolin.
Durante dos meses, el príncipe se sometió a un régimen riguroso que comenzaba cada día a las cinco de la mañana con carreras al aire libre en las montañas circundantes. Vivió en el complejo educativo cerca de Dengfeng con compañeros que hablaban únicamente en chino, abandonó temporalmente su teléfono celular (solo pudo comunicarse con sus padres al finalizar su estadía), y siguió estrictamente una dieta vegetariana. Su jornada diaria terminaba a las 21 horas, cuando se apagaban las luces de los dormitorios del edificio Quanshi.
Maestría en artes marciales y técnicas ancestrales
Bajo la tutoría del gran maestro Wang Hengying, Simeón no fue un estudiante más. Como el único aprendiz occidental del centro ubicado en el monte Song, recibió formación intensiva en disciplinas especializadas como el Yi Jin Jing, una técnica que consiste en trabajar alternadamente los músculos y tendones según la voluntad del practicante. Además, dominó el uso de armas especiales que forman parte del arsenal clásico del kung-fu: el pudao (una espada ancha), el guadao (una guadaña conocida como “hoja del dragón verde”), el jrujie bian (un látigo de cadena) y el changquiang (una lanza considerada la “reina de las armas”).
Su formación trascendió lo meramente físico. Los instructores enfatizaron “la historia de las artes marciales Shaolin, el espíritu de la ética marcial y la esencia cultural de la autoformación”. Simeón también participó activamente en las labores del monasterio, cosechando verduras en el huerto para contribuir a la preparación de alimentos, y realizó visitas culturales para profundizar en la tradición budista, incluyendo el museo de la Escuela de Artes Marciales de la Montaña Shaoshi, donde conoció la ancestral caligrafía en hoja de palma.
Una familia de aventureros y deportistas
El príncipe es el nieto menor de Simeón de Sajonia-Coburgo-Gotha y Saboya, el último zar de Bulgaria y ex primer ministro, cuya familia continuó relevancia política incluso después de que la monarquía fuera abolida en 1946. Sin embargo, la actual generación ha optado por definirse a través de disciplinas deportivas y exploración aventurera. Kitín, su padre, es un expedicionario de renombre que apoyó orgullosamente la iniciativa de su hijo y ha continuado transmitiendo valores de exploración y desafío.
Simeón inició su entrenamiento en kung-fu durante su infancia en Marruecos, lo que estableció las bases para su decisión posterior de formalizarse en la Academia Shaolin. Los voceros de la institución confirmaron que “el joven príncipe ha demostrado el virtuosismo de las artes marciales Shaolin Kung-Fu y Shaoshi Shan”, otorgándole un diploma que acredita la finalización de la primera etapa de su formación bajo el nombre chino Si Miao Tian.
Los siguientes capítulos: Compromiso y nuevas travesías
Tras completar su entrenamiento en China, Simeón regresó con sus padres a Bulgaria, estableciéndose en su residencia en el bosque de Vitosha, frente a una montaña verde. El 15 de enero recibió la noticia de la muerte de la princesa Irene de Grecia, su madrina, lo que lo llevó a viajar a Atenas para despedirse. Antes de continuar con etapas posteriores de su formación Shaolin, el príncipe cumplirá otros compromisos significativos.
El 3 de marzo, poco antes de cumplir 19 años, participará junto con la Guardia Juvenil en el desfile del Día de la Liberación en Sofía, la capital búlgara. Asimismo, continuará sus estudios de árabe, completará su formación como instructor de snowboard y patrón de yachting. La familia también está preparando una ambiciosa travesía transoceánica en una balsa de juncos, con Kitín como capitán, que representa la continuidad de la aventura familiar que caracteriza a Kalina de Bulgaria y sus descendientes.
La trayectoria del príncipe Simeón ejemplifica cómo Kalina de Bulgaria ha conseguido transmitir su filosofía de dedicación, disciplina y búsqueda del equilibrio físico y mental a través de generaciones. Desde la musculatura de acero de la madre hasta el dominio del kung-fu del hijo, la familia continúa escribiendo un capítulo único en la historia de la realeza contemporánea, donde el deporte y la aventura son los protagonistas principales.
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La herencia deportiva de Kalina de Bulgaria: De la musculatura de acero al camino Shaolin
Kalina de Bulgaria, la princesa deportista conocida por su dedicación al entrenamiento con cargas pesadas, ha transmitido su pasión por las artes marciales y la vida saludable a la siguiente generación. Su hijo, el príncipe Simeón Hassan Muñoz, acaba de completar una transformación extraordinaria convirtiéndose en discípulo del legendario kung-fu Shaolin, bajo el nombre chino Si Miao Tian, que significa “gran discípulo de Buda del magnífico cielo”. Este logro representa la culminación de una tradición familiar donde el deporte, la aventura y la excelencia física son valores fundamentales.
La filosofía deportista de Kalina de Bulgaria
Kalina de Bulgaria siempre ha sido una firme defensora del estilo de vida fitness y la filosofía del equilibrio físico. “Me gusta la filosofía y el estilo de vida fitness. Estar en forma buscando unos parámetros de equilibrio y armonía. Mens sana in corpore sano. Si no entreno, no me encuentro bien. Es la única razón. Es salud, bienestar y felicidad”, compartió la princesa en una entrevista reciente. Su compromiso con el bienestar no se limita al culturismo; ella también practica kung-fu y taekwondo, deportes que complementan su musculatura de acero y su filosofía de vida holística.
Este enfoque hacia el deporte no fue casualidad. Kalina de Bulgaria desarrolló su pasión por las artes marciales desde temprana edad, influyendo directamente en la decisión de su hijo de buscar entrenamiento en una de las academias más prestigiosas del mundo. Su marido, Antonio José “Kitín” Muñoz Valcárcel, un explorador avezado, también contribuyó a inculcar en Simeón el amor por la aventura y las nuevas experiencias, creando una familia que valora el desafío personal y la superación constante.
El viaje del príncipe Simeón: Entrenamiento intenso en la Academia Shaolin
En 2025, a los 18 años, el príncipe Simeón reveló su decisión de ingresar a la Academia Shaolin ubicada en el monte Song, en la provincia de Henan, China. Tras aprobar todas las evaluaciones impuestas por los monjes que dirigen la institución, se mudó en noviembre para comenzar una experiencia transformadora. “He sido aceptado y viviré con ellos en China. Su historia se remonta a unos 1500 años. Todos son maestros de kung-fu, la madre de las artes marciales, y quiero aprender de ellos”, expresó el joven con entusiasmo al anunciar su llegada a la Academia Shaolin.
Durante dos meses, el príncipe se sometió a un régimen riguroso que comenzaba cada día a las cinco de la mañana con carreras al aire libre en las montañas circundantes. Vivió en el complejo educativo cerca de Dengfeng con compañeros que hablaban únicamente en chino, abandonó temporalmente su teléfono celular (solo pudo comunicarse con sus padres al finalizar su estadía), y siguió estrictamente una dieta vegetariana. Su jornada diaria terminaba a las 21 horas, cuando se apagaban las luces de los dormitorios del edificio Quanshi.
Maestría en artes marciales y técnicas ancestrales
Bajo la tutoría del gran maestro Wang Hengying, Simeón no fue un estudiante más. Como el único aprendiz occidental del centro ubicado en el monte Song, recibió formación intensiva en disciplinas especializadas como el Yi Jin Jing, una técnica que consiste en trabajar alternadamente los músculos y tendones según la voluntad del practicante. Además, dominó el uso de armas especiales que forman parte del arsenal clásico del kung-fu: el pudao (una espada ancha), el guadao (una guadaña conocida como “hoja del dragón verde”), el jrujie bian (un látigo de cadena) y el changquiang (una lanza considerada la “reina de las armas”).
Su formación trascendió lo meramente físico. Los instructores enfatizaron “la historia de las artes marciales Shaolin, el espíritu de la ética marcial y la esencia cultural de la autoformación”. Simeón también participó activamente en las labores del monasterio, cosechando verduras en el huerto para contribuir a la preparación de alimentos, y realizó visitas culturales para profundizar en la tradición budista, incluyendo el museo de la Escuela de Artes Marciales de la Montaña Shaoshi, donde conoció la ancestral caligrafía en hoja de palma.
Una familia de aventureros y deportistas
El príncipe es el nieto menor de Simeón de Sajonia-Coburgo-Gotha y Saboya, el último zar de Bulgaria y ex primer ministro, cuya familia continuó relevancia política incluso después de que la monarquía fuera abolida en 1946. Sin embargo, la actual generación ha optado por definirse a través de disciplinas deportivas y exploración aventurera. Kitín, su padre, es un expedicionario de renombre que apoyó orgullosamente la iniciativa de su hijo y ha continuado transmitiendo valores de exploración y desafío.
Simeón inició su entrenamiento en kung-fu durante su infancia en Marruecos, lo que estableció las bases para su decisión posterior de formalizarse en la Academia Shaolin. Los voceros de la institución confirmaron que “el joven príncipe ha demostrado el virtuosismo de las artes marciales Shaolin Kung-Fu y Shaoshi Shan”, otorgándole un diploma que acredita la finalización de la primera etapa de su formación bajo el nombre chino Si Miao Tian.
Los siguientes capítulos: Compromiso y nuevas travesías
Tras completar su entrenamiento en China, Simeón regresó con sus padres a Bulgaria, estableciéndose en su residencia en el bosque de Vitosha, frente a una montaña verde. El 15 de enero recibió la noticia de la muerte de la princesa Irene de Grecia, su madrina, lo que lo llevó a viajar a Atenas para despedirse. Antes de continuar con etapas posteriores de su formación Shaolin, el príncipe cumplirá otros compromisos significativos.
El 3 de marzo, poco antes de cumplir 19 años, participará junto con la Guardia Juvenil en el desfile del Día de la Liberación en Sofía, la capital búlgara. Asimismo, continuará sus estudios de árabe, completará su formación como instructor de snowboard y patrón de yachting. La familia también está preparando una ambiciosa travesía transoceánica en una balsa de juncos, con Kitín como capitán, que representa la continuidad de la aventura familiar que caracteriza a Kalina de Bulgaria y sus descendientes.
La trayectoria del príncipe Simeón ejemplifica cómo Kalina de Bulgaria ha conseguido transmitir su filosofía de dedicación, disciplina y búsqueda del equilibrio físico y mental a través de generaciones. Desde la musculatura de acero de la madre hasta el dominio del kung-fu del hijo, la familia continúa escribiendo un capítulo único en la historia de la realeza contemporánea, donde el deporte y la aventura son los protagonistas principales.