Mires donde mires, parece que hay una burbuja acechando. Necesitamos una brújula confiable para entender qué está sucediendo en los mercados financieros globales. A cien años de la Gran Depresión, los patrones de comportamiento especulativo se repiten con inquietante precisión, solo que ahora con actores distintos: la inteligencia artificial, las criptomonedas y una economía impulsada por la atención viral.
Cuando la historia se repite: Las lecciones no aprendidas del pasado
Dos meses antes del Lunes Negro de 1929, Roger Babson, economista de Massachusetts, advirtió sobre el colapso inminente tras observar a inversores comunes endeudarse para comprar acciones. Su predicción fue tan acertada que un caída del 3% fue bautizada como el “Babson Break”. Sin embargo, en las semanas posteriores, el mercado se recuperó impulsado por el optimismo generado por nuevos productos de consumo: la radio y el automóvil.
Hoy, voces análogas a la de Babson alertan sobre un fenómeno similar pero amplificado. La brújula que necesitamos debe apuntar hacia las verdaderas fuentes de riesgo sistémico: no solo la inteligencia artificial en sí, sino la forma frenética en que se está financiando su infraestructura.
La economía de la atención: Por qué todos persiguen la misma oportunidad
La magnitud del hype alrededor de la IA es vertiginosa. Las empresas tecnológicas están proyectadas a invertir menos de 1.6 billones de dólares anuales en centros de datos para 2030 según análisis de Omdia, cuyas perspectivas como generadora de ganancias siguen siendo completamente especulativas.
Pero la pregunta no es simplemente si estamos en una burbuja de IA. La verdadera preocupación surge cuando reconocemos que las definiciones de burbuja especulativa están en todos lados. El precio del oro se disparó casi 64% en 2025. Las naciones acumulan deuda en niveles no vistos desde la Segunda Guerra Mundial. Börge Brende, director ejecutivo del Foro Económico Mundial, ha señalado esta fragilidad global de manera directa.
“Todos están jugando a un juego donde creen que estas tecnologías resolverán cualquier problema existente”, comenta Advait Arun, analista de finanzas climáticas en el Center for Public Enterprise. Su reciente reporte, Bubble or Nothing, cuestionó los esquemas de financiamiento detrás de los centros de datos. “Definitivamente seguimos en la etapa de exuberancia irracional”.
Ahora más que nunca, el grupo de referencia de cada inversión es global. Como explica W. David Marx en su obra Blank Space: “Los participantes del mercado van mucho más allá de lo que pueden ver a su alrededor y de su clase real. Pueden surgir movimientos alineados globalmente que antes serían imposibles”.
Criptomonedas meme: La democratización del casino financiero
Los absurdos financieros más evidentes se concentran donde no hay manera fácil de calcular el valor intrínseco. Bitcoin, por ejemplo, acumuló ganancias de 636 mil millones de dólares desde inicios de 2025 hasta octubre, antes de experimentar correcciones significativas. Hoy, a febrero de 2026, se cotiza alrededor de $67,580, acumulando una caída del 2.37% en las últimas 24 horas según los últimos datos disponibles.
El fenómeno de las memecoins es aún más revelador. El volumen de operaciones alcanzó un pico de 170 mil millones de dólares en enero de 2025 antes de colapsarse a 19 mil millones para septiembre. Los casos más extremos son las monedas $TRUMP y $MELANIA, lanzadas por la primera familia apenas dos días antes de la Toma de Posesión del 20 de enero de 2025.
Desde su lanzamiento, ambas han registrado pérdidas catastróficas. $TRUMP ha caído 78.92% en el último año, cotizándose ahora en $3.24, mientras que $MELANIA ha desplomado 91.67%, cotizando a $0.12. Estas criptomonedas se convirtieron en símbolos claros del comportamiento especulativo puro: inversores que evaluaban estos activos no por su potencial para generar valor fundamental, sino únicamente por la posibilidad de obtener ganancias rápidas. Se aproximaban a ellas como quien se acerca a una mesa de dados en Las Vegas durante unas vacaciones.
Una encuesta reciente de Harris revela dinámicas psicológicas preocupantes: seis de cada diez estadounidenses ahora aspiran a acumular riqueza extrema. Entre la Generación Z y millennials, el 70% sueña con convertirse en multimillonarios, comparado con el 51% de la Generación X y baby boomers. Un estudio de 2024 de Empower sugiere que los zoomers creen que el “éxito financiero” requiere un salario de casi 600 mil dólares y un patrimonio neto de 10 millones.
El fenómeno de las burbujas simultáneas
Las burbujas no aparecen aisladas. En los últimos meses hemos presenciado ciclos especulativos en múltiples espacios simultáneamente. La cultura popular experimentó booms sucesivos: primero una burbuja de Sydney Sweeney, luego de Pedro Pascal, seguida por una obsesión masiva con el “6-7” que dominó redes sociales.
Gracias a celebridades del K-pop como Lisa de Blackpink, surgió una manía mundial por los Labubu, esos peluches zoomórficos de Pop Mart International Group. En alimentos se identifican burbujas evidentes de proteína, con marcas compitiendo por posicionarse en un mercado saturado de consumidores interesados en dietas GLP-1. En medios, florece una burbuja de newsletters de Substack, podcasts de celebridades y documentales biográficos autorizados que se lanzan en Netflix casi semanalmente.
Esta multiplicidad de burbujas simultáneas apunta a un fenómeno más profundo: la economía de la atención. Todo el mundo se entera al mismo tiempo de nuevas oportunidades para hacer dinero gracias a TikTok, chats grupales, foros de Reddit y la naturaleza instantánea de internet. La serie Pluribus de Apple TV, que dramatiza una humanidad sometida a una conciencia colectiva, resulta especialmente oportuna como metáfora de este momento.
El riesgo acumulativo: Cuando la especulación se convierte en fragilidad sistémica
Las implicaciones para la infraestructura financiera global son severas. Muchos analistas financieros advierten sobre una burbuja específica en el crédito privado, un mercado de 3 billones de dólares en préstamos otorgados por grandes firmas de inversión que operan fuera del sistema bancario regulado. Jeffrey Gundlach, fundador de DoubleLine Capital, lo calificó como “crédito basura” en el podcast Bloomberg Odd Lots. Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase, fue más directo: “una receta para una crisis financiera”.
Oracle Corp., empresa tradicional de bases de datos, está levantando 38 mil millones de dólares en deuda para construir centros de datos en Texas y Wisconsin. Las llamadas neoclouds como CoreWeave Inc. y Fluidstack Ltd., empresas especializadas en infraestructura de IA y minería de criptomonedas, también se están endeudando de manera agresiva.
“Cuando tenemos entidades construyendo centros de datos por decenas de miles de millones con dinero prestado y sin clientes reales confirmados, es cuando empiezo a preocuparme”, dice Gil Luria, director general de D.A. Davidson & Co., evocando el espíritu de advertencia de Roger Babson cien años después. “Prestar dinero para una inversión especulativa nunca es una buena idea”.
Una brújula para el futuro: Innovación versus especulación
Carlota Perez, investigadora que ha dedicado décadas al análisis de ciclos económicos, ofrece una perspectiva histórica fundamental. Advierte que la innovación tecnológica se está transformando en especulación de alto riesgo dentro de una economía-casino sobreapalancada, frágil y propensa a burbujas listas para explotar. “Si la inteligencia artificial y las criptomonedas se desplomaran, probablemente desencadenarían un colapso global de proporciones inimaginables”, escribió.
Sin embargo, Perez también ofrece una lección histórica: verdaderas edades de oro productivas surgen únicamente cuando las finanzas enfrentan las consecuencias de su propio comportamiento en lugar de ser rescatadas, y cuando la sociedad las encauza mediante regulación adecuada.
La brújula de 2026 debe apuntar hacia esta distinción crítica: no se trata de rechazar la innovación, sino de diferenciarla de la especulación. Hasta que logremos ese equilibrio, los Labubu y las criptomonedas meme seguirán siendo símbolos de una época donde resulta imposible discernir dónde termina la oportunidad y dónde comienza el riesgo sistémico.
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La brújula de 2026: Cómo navegar entre burbujas especulativas sin perder el rumbo
Mires donde mires, parece que hay una burbuja acechando. Necesitamos una brújula confiable para entender qué está sucediendo en los mercados financieros globales. A cien años de la Gran Depresión, los patrones de comportamiento especulativo se repiten con inquietante precisión, solo que ahora con actores distintos: la inteligencia artificial, las criptomonedas y una economía impulsada por la atención viral.
Cuando la historia se repite: Las lecciones no aprendidas del pasado
Dos meses antes del Lunes Negro de 1929, Roger Babson, economista de Massachusetts, advirtió sobre el colapso inminente tras observar a inversores comunes endeudarse para comprar acciones. Su predicción fue tan acertada que un caída del 3% fue bautizada como el “Babson Break”. Sin embargo, en las semanas posteriores, el mercado se recuperó impulsado por el optimismo generado por nuevos productos de consumo: la radio y el automóvil.
Hoy, voces análogas a la de Babson alertan sobre un fenómeno similar pero amplificado. La brújula que necesitamos debe apuntar hacia las verdaderas fuentes de riesgo sistémico: no solo la inteligencia artificial en sí, sino la forma frenética en que se está financiando su infraestructura.
La economía de la atención: Por qué todos persiguen la misma oportunidad
La magnitud del hype alrededor de la IA es vertiginosa. Las empresas tecnológicas están proyectadas a invertir menos de 1.6 billones de dólares anuales en centros de datos para 2030 según análisis de Omdia, cuyas perspectivas como generadora de ganancias siguen siendo completamente especulativas.
Pero la pregunta no es simplemente si estamos en una burbuja de IA. La verdadera preocupación surge cuando reconocemos que las definiciones de burbuja especulativa están en todos lados. El precio del oro se disparó casi 64% en 2025. Las naciones acumulan deuda en niveles no vistos desde la Segunda Guerra Mundial. Börge Brende, director ejecutivo del Foro Económico Mundial, ha señalado esta fragilidad global de manera directa.
“Todos están jugando a un juego donde creen que estas tecnologías resolverán cualquier problema existente”, comenta Advait Arun, analista de finanzas climáticas en el Center for Public Enterprise. Su reciente reporte, Bubble or Nothing, cuestionó los esquemas de financiamiento detrás de los centros de datos. “Definitivamente seguimos en la etapa de exuberancia irracional”.
Ahora más que nunca, el grupo de referencia de cada inversión es global. Como explica W. David Marx en su obra Blank Space: “Los participantes del mercado van mucho más allá de lo que pueden ver a su alrededor y de su clase real. Pueden surgir movimientos alineados globalmente que antes serían imposibles”.
Criptomonedas meme: La democratización del casino financiero
Los absurdos financieros más evidentes se concentran donde no hay manera fácil de calcular el valor intrínseco. Bitcoin, por ejemplo, acumuló ganancias de 636 mil millones de dólares desde inicios de 2025 hasta octubre, antes de experimentar correcciones significativas. Hoy, a febrero de 2026, se cotiza alrededor de $67,580, acumulando una caída del 2.37% en las últimas 24 horas según los últimos datos disponibles.
El fenómeno de las memecoins es aún más revelador. El volumen de operaciones alcanzó un pico de 170 mil millones de dólares en enero de 2025 antes de colapsarse a 19 mil millones para septiembre. Los casos más extremos son las monedas $TRUMP y $MELANIA, lanzadas por la primera familia apenas dos días antes de la Toma de Posesión del 20 de enero de 2025.
Desde su lanzamiento, ambas han registrado pérdidas catastróficas. $TRUMP ha caído 78.92% en el último año, cotizándose ahora en $3.24, mientras que $MELANIA ha desplomado 91.67%, cotizando a $0.12. Estas criptomonedas se convirtieron en símbolos claros del comportamiento especulativo puro: inversores que evaluaban estos activos no por su potencial para generar valor fundamental, sino únicamente por la posibilidad de obtener ganancias rápidas. Se aproximaban a ellas como quien se acerca a una mesa de dados en Las Vegas durante unas vacaciones.
Una encuesta reciente de Harris revela dinámicas psicológicas preocupantes: seis de cada diez estadounidenses ahora aspiran a acumular riqueza extrema. Entre la Generación Z y millennials, el 70% sueña con convertirse en multimillonarios, comparado con el 51% de la Generación X y baby boomers. Un estudio de 2024 de Empower sugiere que los zoomers creen que el “éxito financiero” requiere un salario de casi 600 mil dólares y un patrimonio neto de 10 millones.
El fenómeno de las burbujas simultáneas
Las burbujas no aparecen aisladas. En los últimos meses hemos presenciado ciclos especulativos en múltiples espacios simultáneamente. La cultura popular experimentó booms sucesivos: primero una burbuja de Sydney Sweeney, luego de Pedro Pascal, seguida por una obsesión masiva con el “6-7” que dominó redes sociales.
Gracias a celebridades del K-pop como Lisa de Blackpink, surgió una manía mundial por los Labubu, esos peluches zoomórficos de Pop Mart International Group. En alimentos se identifican burbujas evidentes de proteína, con marcas compitiendo por posicionarse en un mercado saturado de consumidores interesados en dietas GLP-1. En medios, florece una burbuja de newsletters de Substack, podcasts de celebridades y documentales biográficos autorizados que se lanzan en Netflix casi semanalmente.
Esta multiplicidad de burbujas simultáneas apunta a un fenómeno más profundo: la economía de la atención. Todo el mundo se entera al mismo tiempo de nuevas oportunidades para hacer dinero gracias a TikTok, chats grupales, foros de Reddit y la naturaleza instantánea de internet. La serie Pluribus de Apple TV, que dramatiza una humanidad sometida a una conciencia colectiva, resulta especialmente oportuna como metáfora de este momento.
El riesgo acumulativo: Cuando la especulación se convierte en fragilidad sistémica
Las implicaciones para la infraestructura financiera global son severas. Muchos analistas financieros advierten sobre una burbuja específica en el crédito privado, un mercado de 3 billones de dólares en préstamos otorgados por grandes firmas de inversión que operan fuera del sistema bancario regulado. Jeffrey Gundlach, fundador de DoubleLine Capital, lo calificó como “crédito basura” en el podcast Bloomberg Odd Lots. Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase, fue más directo: “una receta para una crisis financiera”.
Oracle Corp., empresa tradicional de bases de datos, está levantando 38 mil millones de dólares en deuda para construir centros de datos en Texas y Wisconsin. Las llamadas neoclouds como CoreWeave Inc. y Fluidstack Ltd., empresas especializadas en infraestructura de IA y minería de criptomonedas, también se están endeudando de manera agresiva.
“Cuando tenemos entidades construyendo centros de datos por decenas de miles de millones con dinero prestado y sin clientes reales confirmados, es cuando empiezo a preocuparme”, dice Gil Luria, director general de D.A. Davidson & Co., evocando el espíritu de advertencia de Roger Babson cien años después. “Prestar dinero para una inversión especulativa nunca es una buena idea”.
Una brújula para el futuro: Innovación versus especulación
Carlota Perez, investigadora que ha dedicado décadas al análisis de ciclos económicos, ofrece una perspectiva histórica fundamental. Advierte que la innovación tecnológica se está transformando en especulación de alto riesgo dentro de una economía-casino sobreapalancada, frágil y propensa a burbujas listas para explotar. “Si la inteligencia artificial y las criptomonedas se desplomaran, probablemente desencadenarían un colapso global de proporciones inimaginables”, escribió.
Sin embargo, Perez también ofrece una lección histórica: verdaderas edades de oro productivas surgen únicamente cuando las finanzas enfrentan las consecuencias de su propio comportamiento en lugar de ser rescatadas, y cuando la sociedad las encauza mediante regulación adecuada.
La brújula de 2026 debe apuntar hacia esta distinción crítica: no se trata de rechazar la innovación, sino de diferenciarla de la especulación. Hasta que logremos ese equilibrio, los Labubu y las criptomonedas meme seguirán siendo símbolos de una época donde resulta imposible discernir dónde termina la oportunidad y dónde comienza el riesgo sistémico.