Las noticias ya no se buscan deliberadamente. Simplemente aparecen en el flujo cotidiano de conversaciones digitales, filtradas entre memes, comentarios y publicaciones en redes sociales. Este cambio silencioso pero profundo en cómo los jóvenes acceden a la información es lo que Francisco Albarello y su equipo de investigación documentan en “Transiciones. Consumos informativos emergentes en estudiantes de Comunicación en América Latina”, un estudio que ofrece una fotografía fascinante de cómo se está redefiniendo el ecosistema informativo en la región.
Lo que una generación anterior experimentaba como una decisión consciente —el acto de “informarse”— se ha convertido para los estudiantes actuales en algo más orgánico y accidental. Y esto tiene implicaciones profundas no solo para el periodismo tradicional, sino para toda la sociedad.
Del consumo intencional al incidental: cuando las noticias encuentran a los jóvenes
Uno de los hallazgos más significativos de la investigación es que los estudiantes de Comunicación y Periodismo en América Latina perciben que las noticias los encuentran a ellos, más que ellos ir en búsqueda de noticias. Esta percepción, conocida en la literatura académica como “news find me perception”, no es exclusiva de este grupo etario: es cada vez más generalizada.
La dinámica funciona así: se informan “accidentalmente” mientras dialogan con sus contactos. La información, en este contexto, es un resultado secundario de las relaciones que establecen a través de plataformas digitales. Mensajean con un amigo, ve un comentario de un familiar, encuentra un meme que alguien compartió —y en ese proceso descubren la noticia, sin haber tenido la intención explícita de informarse.
Esta transformación del consumo intencional al consumo incidental influye directamente en la agenda pública. Los jóvenes se informan principalmente sobre los temas que emergen en sus conversaciones personales, lo que significa que se va perdiendo gradualmente el hábito de la búsqueda consciente de información sobre asuntos públicos que van más allá de sus intereses inmediatos.
Redes sociales como nuevos medios: ¿crisis de intermediación o redefinición?
Existe una paradoja interesante: aunque las redes sociales se han convertido de facto en medios de información —desplazando a las plataformas tradicionales como canal principal de acceso—, no se trata de una crisis terminal del periodismo profesional. Más bien, el ecosistema está experimentando una redefinición compleja.
La investigación revela que los estudiantes acceden principalmente a las noticias a través de plataformas como Instagram, TikTok y Twitter, pero aquí es donde surge una buena noticia: los perfiles que siguen son predominantemente de medios y periodistas, no de influencers o celebridades. Incluso más significativo: muchos prefieren seguir a periodistas individuales antes que a las cuentas oficiales de los medios, porque perciben que los periodistas pueden informar con mayor libertad más allá de las restricciones del medio para el cual trabajan.
Las marcas periodísticas, lejos de desaparecer, han asumido un nuevo rol. Cuando algo interesa a estos jóvenes o quieren verificar información que les llegó a través de una red social o incluso vía un meme, van deliberadamente a los sitios y aplicaciones de los medios reconocidos. Las marcas siguen funcionando como referentes de calidad y credibilidad en este ecosistema expandido. Es decir: acceden a través de redes, pero validan y profundizan en medios.
Cómo el smartphone fragmenta pero también profundiza la lectura informativa
El dispositivo de consumo de noticias moldea fundamentalmente cómo se procesan esas noticias. El smartphone ha convertido la lectura en algo fragmentado: desplazamientos rápidos, textos entrecortados, interrupciones constantes. Pero aquí es donde el análisis requiere nuance.
Es tentador concluir que la pantalla pequeña genera solo superficialidad. Sin embargo, cuando hay interés real, estos jóvenes emplean estrategias sofisticadas. Se detienen en los titulares que capturan su atención, hacen clic en enlaces que prometen profundidad, o recurren a Google para encontrar más información cuando sienten que algo requiere mayor contexto.
Pero no solo leen textos. Las imágenes son fundamentales para captar atención. Y cuando quieren profundizar realmente en algo que les interesa, recurren a YouTube: los videos audiovisuales son los contenidos que mayor volumen de consumo generan. Así, la “profundidad cognitiva” en las pantallas no desaparece; simplemente se reconfigura. No es una lectura pausada como la del papel, sino una lectura dispersa, fragmentada y rápida que integra múltiples formatos, fuentes e informaciones simultáneamente. Y eso no necesariamente es superficial, aunque sí puede generar lecturas de menor calidad si invita más al desplazamiento que a la pausa reflexiva.
Curiosamente, muchas estrategias lectoras antiguas se están reciclando en los nuevos dispositivos: así como antes solo leíamos el título, el copete y la bajada de muchas noticias en el periódico impreso, ahora los jóvenes hacen algo similar en la pantalla, solo que modulados por sus intereses personales.
El meme: de broma viral a herramienta informativa legitimada
Aquí radica una de las mejores noticias sobre cómo están evolucionando los hábitos informativos. El meme, lejos de ser una simple frivolidad viral, se ha consolidado como un microgénero informativo con funciones muy específicas en este ecosistema.
Los estudiantes entrevistados demuestran una comprensión sofisticada del meme: lo ven como una puerta de entrada a las noticias, no como la noticia en sí. Un buen meme requiere competencias bien desarrolladas: no solo la capacidad de entender el humor, sino la de sintetizar una noticia en pocas palabras, seleccionar la imagen correcta o el template adecuado. Un buen meme es, en el fondo, un ejercicio de comunicación visual y narrativa concentrada.
Cuando encuentran un meme sobre un tema, frecuentemente los impulsa a buscar la información completa en las redes o en los sitios de noticias para no perder el contexto. El meme actúa como catalizador informativo. Y hay una claridad importante: valoran especialmente el meme cuando es “orgánico”, cuando surge naturalmente del momento, no cuando se trata de un recurso forzado o construido artificialmente.
En contraste, cuando el humor aparece en noticieros tradicionales, tiende a restarle rigor desde su perspectiva. Pero en los programas de streaming —que explotaron como espacios de circulación de noticias a partir de la pandemia— el humor tiene una función diferente: genera cercanía con el productor, aprovecha el estilo descontracturado heredado de YouTube.
La evitación de noticias negativas: un problema de formato, no de desinterés
Un hallazgo recurrente en esta investigación alinea con tendencias globales: según datos del Reuters Institute 2024, aproximadamente el 39% de la población mundial evita activamente las noticias. Los estudiantes latinoamericanos no son la excepción: tienden a rechazar noticias sobre la pandemia (especialmente considerando cómo la cobertura televisiva fue sensacionalista), noticias policiales, guerras y conflictos sociales.
Pero el análisis revela algo más profundo que simple desinterés: el rechazo no es solo al tema, sino al tratamiento que hacen los medios del tema. Cuando un acontecimiento —una noticia policial, un estallido social, una crisis sanitaria— acapara la agenda y se recurre a estrategias sensacionalistas, genera un rechazo activo. Los estudiantes evitan esas noticias en parte como resistencia a cómo les son presentadas.
Dado que se informan principalmente a través de sus intereses personales en redes sociales, cuando los medios “imponen” temas en sus agendas —temas que no eligieron seguir— genera una resistencia particular. Las entrevistas grupales revelan expresiones repetidas de “sobrecarga”, “fastidio”, “hartazgo”. Los estudiantes se sienten “desbordados” o “inundados de información”. Este exceso tiene un efecto negativo concreto en su estado emocional, por eso prefieren “refugiarse” en sus consumos preferidos, vinculados a entretenimiento u otros temas de su interés.
Las marcas periodísticas resisten en la era del algoritmo personalizado
Aunque existe una paradoja en la forma en que consumen noticias —acceden a través de redes, pero validan en medios tradicionales—, esta paradoja revela algo positivo sobre el futuro de las marcas periodísticas. Se informan a través de plataformas digitales, pero cuando algo les importa o lo quieren verificar, van deliberadamente a las aplicaciones o sitios de medios reconocidos, buscando la marca que les certifique si algo es verdadero o no.
Este comportamiento está vinculado al contexto conversacional de su acceso informativo. Se enteran de algo por recomendación de alguien (un familiar, un amigo), y lo van a chequear al medio. O buscan la noticia en Google para ver qué medio la publicó. En ese sentido, la marca periodística sigue jugando un rol relevante como referencia de calidad informativa.
Sin embargo, esto se complica con un fenómeno paralelo: los estudiantes expresan sentirse “medianamente informados”. No es que no estén informados en absoluto, sino que se sienten informados respecto de sus temas de interés. Reconocen que gracias a estudiar Periodismo o Comunicación, y a la insistencia de sus profesores en la necesidad de informarse cotidianamente, desarrollaron cierto interés u obligación por enterarse de temas que a primera vista no les interesan.
El punto de inflexión es crucial: en un mundo donde “el tema importa más que el medio”, el rol de la universidad como institución que impulsa la ruptura de burbujas temáticas es central. Los medios, por su lado, enfrentan el desafío de generar contenidos que intervengan en esas burbujas, que traccionan intereses más allá de las tendencias propias del usuario a cerrarse en sus agendas personales.
Algoritmos y burbujas: el rol central de la alfabetización crítica
Los estudiantes muestran una conciencia notable sobre cómo los algoritmos moldean su acceso a las noticias. La expresión “burbuja de filtros” (concepto popularizado por Eli Pariser en 2011 y ampliamente circulante) emerge recurrentemente en las entrevistas. Reconocen que la personalización de la información —ese “diario a la carta” que Nicholas Negroponte imaginaba en 1995 en su libro “Ser digital”— está siendo intensificada por algoritmos que los mantienen en burbujas de preferencias.
Pero mientras que la conciencia existe, las estrategias para contrarrestar estos mecanismos siguen siendo principalmente intuitivas, no sistematizadas. Aquí es donde la universidad juega un rol potencialmente transformador. Las aulas pueden ser uno de los pocos espacios donde se va más allá de los algoritmos de software para mostrar otra realidad, para que los estudiantes mismos a su vez moldeen sus algoritmos y estos les muestren esas otras realidades también.
De la misma manera que las pantallas de televisión no eran una “ventana abierta” a la realidad (también hacían su recorte), los algoritmos en las pantallas ahora replican y intensifican ese problema, solo que ahora la personalización de contenidos es insoslayable. El concepto de “domesticación mutua” entre usuarios y algoritmo —propuesto por el investigador Ignacio Siles— ofrece una salida interesante: asegurar una diversificación de fuentes y temas mediante una relación más consciente y crítica con las herramientas que median nuestro acceso a información.
Microcontenidos, alfabetización visual y el futuro de la educación en comunicación
La investigación actual del equipo de Albarello se enfoca en “microcontenidos informativos”, y la tendencia es clara: hay una consolidada preferencia hacia contenidos breves, titulares directos y formatos visuales. Pero esto no significa que la explicación compleja haya desaparecido.
Cuando hay interés real en profundizar, muchos recurren a videos de YouTube. Para estos jóvenes, la imagen audiovisual se ha convertido en el lugar de la explicación larga. No se trata de que sean incapaces o no quieran leer textos extensos; simplemente, no se sienten obligados a hacerlo si no les interesa lo que están consumiendo. Parece como si la explicación larga fuera un segundo escalón informativo, disponible pero opcional. Algo que siempre estuvo ahí en los periódicos (leías el título y copete de muchas noticias) pero que ahora es mucho más explícito: el interés personal manda.
El meme, nuevamente, emerge como un caso revelador. Es un formato que merece estudio sistemático. Un buen meme requiere competencias específicas: síntesis de una noticia, selección visual, comprensión de connotación. El meme es cada vez más estudiado como género en congresos académicos y revistas especializadas.
¿Qué significa esto para la formación de futuros periodistas? Significa que la alfabetización mediática contemporánea debe incluir la lectura crítica del meme, pero considerando la participación creativa de las audiencias que los generan. Así como en su momento se enseñaba a leer críticamente fotografías, ahora es necesario hacer lo mismo con memes, considerando que son productos de la creatividad colectiva.
Los estudiantes que estudian Comunicación y Periodismo desarrollan un rol particular en sus círculos familiares y de amigos: se convierten en “fact checkers” informales. Se arrogan la obligación de estar informados para poder orientar a otros que se informan a través de WhatsApp u otras plataformas menos verificadas. Desarrollan una desconfianza sana hacia la información que llega, y tratan de transmitir esa actitud crítica a sus contactos.
Esto es una buena noticia: la educación en comunicación hace la diferencia observable. Los estudiantes desarrollan una clara conciencia sobre cómo se construye la noticia, sobre la circulación de información falsa, sobre la necesidad de verificar todo. Esta conciencia es cada vez más necesaria cuando las noticias comienzan a ser generadas por Inteligencias Artificiales Generativas, una tendencia que está emergiendo fuertemente en la investigación en curso.
Hacia el futuro: microcontenidos, IA y la necesidad de lecturas críticas
Las investigaciones previas (Mutaciones) y la actual (Transiciones) trazan un patrón claro: el consumo informativo juvenil en América Latina está experimentando una miniaturización paralela a la aceleración de los ecosistemas digitales. Los microcontenidos dominan. Pero la irrupción de la IA generativa en la producción de noticias presenta un desafío aún mayor.
Desarrollar la lectura crítica de noticias cuando será cada vez más difícil distinguir una fuente humana de una fuente artificial es quizá el desafío educativo más urgente. Las competencias del futuro no estarán solo en consumir información críticamente, sino en producirla: en usar las IAs como aliados que potencien las habilidades creativas y de análisis.
Lo que emerge de esta investigación es una generación que se siente informada de lo que les interesa, pero que es consciente de sus limitaciones. Están desarrollando las herramientas para reconocer algoritmos, entender construcciones narrativas, y validar información. El rol de la universidad, de los medios y de la sociedad es amplificar esa conciencia crítica, romper esas burbujas de interés personal sin que suene como una imposición, y convertir herramientas como el meme en ocasiones legítimas de aprendizaje sobre cómo funciona el mundo contemporáneo de la información.
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Cómo el meme se convirtió en la puerta de entrada a las noticias: la buena noticia sobre los nuevos hábitos informativos juveniles
Las noticias ya no se buscan deliberadamente. Simplemente aparecen en el flujo cotidiano de conversaciones digitales, filtradas entre memes, comentarios y publicaciones en redes sociales. Este cambio silencioso pero profundo en cómo los jóvenes acceden a la información es lo que Francisco Albarello y su equipo de investigación documentan en “Transiciones. Consumos informativos emergentes en estudiantes de Comunicación en América Latina”, un estudio que ofrece una fotografía fascinante de cómo se está redefiniendo el ecosistema informativo en la región.
Lo que una generación anterior experimentaba como una decisión consciente —el acto de “informarse”— se ha convertido para los estudiantes actuales en algo más orgánico y accidental. Y esto tiene implicaciones profundas no solo para el periodismo tradicional, sino para toda la sociedad.
Del consumo intencional al incidental: cuando las noticias encuentran a los jóvenes
Uno de los hallazgos más significativos de la investigación es que los estudiantes de Comunicación y Periodismo en América Latina perciben que las noticias los encuentran a ellos, más que ellos ir en búsqueda de noticias. Esta percepción, conocida en la literatura académica como “news find me perception”, no es exclusiva de este grupo etario: es cada vez más generalizada.
La dinámica funciona así: se informan “accidentalmente” mientras dialogan con sus contactos. La información, en este contexto, es un resultado secundario de las relaciones que establecen a través de plataformas digitales. Mensajean con un amigo, ve un comentario de un familiar, encuentra un meme que alguien compartió —y en ese proceso descubren la noticia, sin haber tenido la intención explícita de informarse.
Esta transformación del consumo intencional al consumo incidental influye directamente en la agenda pública. Los jóvenes se informan principalmente sobre los temas que emergen en sus conversaciones personales, lo que significa que se va perdiendo gradualmente el hábito de la búsqueda consciente de información sobre asuntos públicos que van más allá de sus intereses inmediatos.
Redes sociales como nuevos medios: ¿crisis de intermediación o redefinición?
Existe una paradoja interesante: aunque las redes sociales se han convertido de facto en medios de información —desplazando a las plataformas tradicionales como canal principal de acceso—, no se trata de una crisis terminal del periodismo profesional. Más bien, el ecosistema está experimentando una redefinición compleja.
La investigación revela que los estudiantes acceden principalmente a las noticias a través de plataformas como Instagram, TikTok y Twitter, pero aquí es donde surge una buena noticia: los perfiles que siguen son predominantemente de medios y periodistas, no de influencers o celebridades. Incluso más significativo: muchos prefieren seguir a periodistas individuales antes que a las cuentas oficiales de los medios, porque perciben que los periodistas pueden informar con mayor libertad más allá de las restricciones del medio para el cual trabajan.
Las marcas periodísticas, lejos de desaparecer, han asumido un nuevo rol. Cuando algo interesa a estos jóvenes o quieren verificar información que les llegó a través de una red social o incluso vía un meme, van deliberadamente a los sitios y aplicaciones de los medios reconocidos. Las marcas siguen funcionando como referentes de calidad y credibilidad en este ecosistema expandido. Es decir: acceden a través de redes, pero validan y profundizan en medios.
Cómo el smartphone fragmenta pero también profundiza la lectura informativa
El dispositivo de consumo de noticias moldea fundamentalmente cómo se procesan esas noticias. El smartphone ha convertido la lectura en algo fragmentado: desplazamientos rápidos, textos entrecortados, interrupciones constantes. Pero aquí es donde el análisis requiere nuance.
Es tentador concluir que la pantalla pequeña genera solo superficialidad. Sin embargo, cuando hay interés real, estos jóvenes emplean estrategias sofisticadas. Se detienen en los titulares que capturan su atención, hacen clic en enlaces que prometen profundidad, o recurren a Google para encontrar más información cuando sienten que algo requiere mayor contexto.
Pero no solo leen textos. Las imágenes son fundamentales para captar atención. Y cuando quieren profundizar realmente en algo que les interesa, recurren a YouTube: los videos audiovisuales son los contenidos que mayor volumen de consumo generan. Así, la “profundidad cognitiva” en las pantallas no desaparece; simplemente se reconfigura. No es una lectura pausada como la del papel, sino una lectura dispersa, fragmentada y rápida que integra múltiples formatos, fuentes e informaciones simultáneamente. Y eso no necesariamente es superficial, aunque sí puede generar lecturas de menor calidad si invita más al desplazamiento que a la pausa reflexiva.
Curiosamente, muchas estrategias lectoras antiguas se están reciclando en los nuevos dispositivos: así como antes solo leíamos el título, el copete y la bajada de muchas noticias en el periódico impreso, ahora los jóvenes hacen algo similar en la pantalla, solo que modulados por sus intereses personales.
El meme: de broma viral a herramienta informativa legitimada
Aquí radica una de las mejores noticias sobre cómo están evolucionando los hábitos informativos. El meme, lejos de ser una simple frivolidad viral, se ha consolidado como un microgénero informativo con funciones muy específicas en este ecosistema.
Los estudiantes entrevistados demuestran una comprensión sofisticada del meme: lo ven como una puerta de entrada a las noticias, no como la noticia en sí. Un buen meme requiere competencias bien desarrolladas: no solo la capacidad de entender el humor, sino la de sintetizar una noticia en pocas palabras, seleccionar la imagen correcta o el template adecuado. Un buen meme es, en el fondo, un ejercicio de comunicación visual y narrativa concentrada.
Cuando encuentran un meme sobre un tema, frecuentemente los impulsa a buscar la información completa en las redes o en los sitios de noticias para no perder el contexto. El meme actúa como catalizador informativo. Y hay una claridad importante: valoran especialmente el meme cuando es “orgánico”, cuando surge naturalmente del momento, no cuando se trata de un recurso forzado o construido artificialmente.
En contraste, cuando el humor aparece en noticieros tradicionales, tiende a restarle rigor desde su perspectiva. Pero en los programas de streaming —que explotaron como espacios de circulación de noticias a partir de la pandemia— el humor tiene una función diferente: genera cercanía con el productor, aprovecha el estilo descontracturado heredado de YouTube.
La evitación de noticias negativas: un problema de formato, no de desinterés
Un hallazgo recurrente en esta investigación alinea con tendencias globales: según datos del Reuters Institute 2024, aproximadamente el 39% de la población mundial evita activamente las noticias. Los estudiantes latinoamericanos no son la excepción: tienden a rechazar noticias sobre la pandemia (especialmente considerando cómo la cobertura televisiva fue sensacionalista), noticias policiales, guerras y conflictos sociales.
Pero el análisis revela algo más profundo que simple desinterés: el rechazo no es solo al tema, sino al tratamiento que hacen los medios del tema. Cuando un acontecimiento —una noticia policial, un estallido social, una crisis sanitaria— acapara la agenda y se recurre a estrategias sensacionalistas, genera un rechazo activo. Los estudiantes evitan esas noticias en parte como resistencia a cómo les son presentadas.
Dado que se informan principalmente a través de sus intereses personales en redes sociales, cuando los medios “imponen” temas en sus agendas —temas que no eligieron seguir— genera una resistencia particular. Las entrevistas grupales revelan expresiones repetidas de “sobrecarga”, “fastidio”, “hartazgo”. Los estudiantes se sienten “desbordados” o “inundados de información”. Este exceso tiene un efecto negativo concreto en su estado emocional, por eso prefieren “refugiarse” en sus consumos preferidos, vinculados a entretenimiento u otros temas de su interés.
Las marcas periodísticas resisten en la era del algoritmo personalizado
Aunque existe una paradoja en la forma en que consumen noticias —acceden a través de redes, pero validan en medios tradicionales—, esta paradoja revela algo positivo sobre el futuro de las marcas periodísticas. Se informan a través de plataformas digitales, pero cuando algo les importa o lo quieren verificar, van deliberadamente a las aplicaciones o sitios de medios reconocidos, buscando la marca que les certifique si algo es verdadero o no.
Este comportamiento está vinculado al contexto conversacional de su acceso informativo. Se enteran de algo por recomendación de alguien (un familiar, un amigo), y lo van a chequear al medio. O buscan la noticia en Google para ver qué medio la publicó. En ese sentido, la marca periodística sigue jugando un rol relevante como referencia de calidad informativa.
Sin embargo, esto se complica con un fenómeno paralelo: los estudiantes expresan sentirse “medianamente informados”. No es que no estén informados en absoluto, sino que se sienten informados respecto de sus temas de interés. Reconocen que gracias a estudiar Periodismo o Comunicación, y a la insistencia de sus profesores en la necesidad de informarse cotidianamente, desarrollaron cierto interés u obligación por enterarse de temas que a primera vista no les interesan.
El punto de inflexión es crucial: en un mundo donde “el tema importa más que el medio”, el rol de la universidad como institución que impulsa la ruptura de burbujas temáticas es central. Los medios, por su lado, enfrentan el desafío de generar contenidos que intervengan en esas burbujas, que traccionan intereses más allá de las tendencias propias del usuario a cerrarse en sus agendas personales.
Algoritmos y burbujas: el rol central de la alfabetización crítica
Los estudiantes muestran una conciencia notable sobre cómo los algoritmos moldean su acceso a las noticias. La expresión “burbuja de filtros” (concepto popularizado por Eli Pariser en 2011 y ampliamente circulante) emerge recurrentemente en las entrevistas. Reconocen que la personalización de la información —ese “diario a la carta” que Nicholas Negroponte imaginaba en 1995 en su libro “Ser digital”— está siendo intensificada por algoritmos que los mantienen en burbujas de preferencias.
Pero mientras que la conciencia existe, las estrategias para contrarrestar estos mecanismos siguen siendo principalmente intuitivas, no sistematizadas. Aquí es donde la universidad juega un rol potencialmente transformador. Las aulas pueden ser uno de los pocos espacios donde se va más allá de los algoritmos de software para mostrar otra realidad, para que los estudiantes mismos a su vez moldeen sus algoritmos y estos les muestren esas otras realidades también.
De la misma manera que las pantallas de televisión no eran una “ventana abierta” a la realidad (también hacían su recorte), los algoritmos en las pantallas ahora replican y intensifican ese problema, solo que ahora la personalización de contenidos es insoslayable. El concepto de “domesticación mutua” entre usuarios y algoritmo —propuesto por el investigador Ignacio Siles— ofrece una salida interesante: asegurar una diversificación de fuentes y temas mediante una relación más consciente y crítica con las herramientas que median nuestro acceso a información.
Microcontenidos, alfabetización visual y el futuro de la educación en comunicación
La investigación actual del equipo de Albarello se enfoca en “microcontenidos informativos”, y la tendencia es clara: hay una consolidada preferencia hacia contenidos breves, titulares directos y formatos visuales. Pero esto no significa que la explicación compleja haya desaparecido.
Cuando hay interés real en profundizar, muchos recurren a videos de YouTube. Para estos jóvenes, la imagen audiovisual se ha convertido en el lugar de la explicación larga. No se trata de que sean incapaces o no quieran leer textos extensos; simplemente, no se sienten obligados a hacerlo si no les interesa lo que están consumiendo. Parece como si la explicación larga fuera un segundo escalón informativo, disponible pero opcional. Algo que siempre estuvo ahí en los periódicos (leías el título y copete de muchas noticias) pero que ahora es mucho más explícito: el interés personal manda.
El meme, nuevamente, emerge como un caso revelador. Es un formato que merece estudio sistemático. Un buen meme requiere competencias específicas: síntesis de una noticia, selección visual, comprensión de connotación. El meme es cada vez más estudiado como género en congresos académicos y revistas especializadas.
¿Qué significa esto para la formación de futuros periodistas? Significa que la alfabetización mediática contemporánea debe incluir la lectura crítica del meme, pero considerando la participación creativa de las audiencias que los generan. Así como en su momento se enseñaba a leer críticamente fotografías, ahora es necesario hacer lo mismo con memes, considerando que son productos de la creatividad colectiva.
Los estudiantes que estudian Comunicación y Periodismo desarrollan un rol particular en sus círculos familiares y de amigos: se convierten en “fact checkers” informales. Se arrogan la obligación de estar informados para poder orientar a otros que se informan a través de WhatsApp u otras plataformas menos verificadas. Desarrollan una desconfianza sana hacia la información que llega, y tratan de transmitir esa actitud crítica a sus contactos.
Esto es una buena noticia: la educación en comunicación hace la diferencia observable. Los estudiantes desarrollan una clara conciencia sobre cómo se construye la noticia, sobre la circulación de información falsa, sobre la necesidad de verificar todo. Esta conciencia es cada vez más necesaria cuando las noticias comienzan a ser generadas por Inteligencias Artificiales Generativas, una tendencia que está emergiendo fuertemente en la investigación en curso.
Hacia el futuro: microcontenidos, IA y la necesidad de lecturas críticas
Las investigaciones previas (Mutaciones) y la actual (Transiciones) trazan un patrón claro: el consumo informativo juvenil en América Latina está experimentando una miniaturización paralela a la aceleración de los ecosistemas digitales. Los microcontenidos dominan. Pero la irrupción de la IA generativa en la producción de noticias presenta un desafío aún mayor.
Desarrollar la lectura crítica de noticias cuando será cada vez más difícil distinguir una fuente humana de una fuente artificial es quizá el desafío educativo más urgente. Las competencias del futuro no estarán solo en consumir información críticamente, sino en producirla: en usar las IAs como aliados que potencien las habilidades creativas y de análisis.
Lo que emerge de esta investigación es una generación que se siente informada de lo que les interesa, pero que es consciente de sus limitaciones. Están desarrollando las herramientas para reconocer algoritmos, entender construcciones narrativas, y validar información. El rol de la universidad, de los medios y de la sociedad es amplificar esa conciencia crítica, romper esas burbujas de interés personal sin que suene como una imposición, y convertir herramientas como el meme en ocasiones legítimas de aprendizaje sobre cómo funciona el mundo contemporáneo de la información.