El fútbol argentino volvió a teñirse de suspicacia. En el estadio de Barracas Central, dos instituciones cargadas de estigma por sus decisiones controvertidas protagonizaron un encuentro que reafirmó esa reputación. El empate 1-1 entre el Guapo y el Malevo dejó una estela de interrogantes sobre el rol del VAR, la autoridad arbitral y cómo ciertas conexiones políticas y personales pueden impregnar la narrativa deportiva.
Ignacio Arce, capitán de Deportivo Riestra, fue protagonista involuntario de una tarde que resumía los males crónicos del fútbol profesional argentino. Mientras caminaba sobre la línea del arco con el marcador 1-0 a favor del Malevo, el arquero expresó su frustración al árbitro Bruno Amiconi. Momentos después, esa tensión entre Arce y la autoridad arbitral se convertiría en el epicentro de una controversia que definió el resultado final.
La intervención del VAR que giró el encuentro: de penal para Riestra a empate en tiempo de descuento
El giro dramático llegó cuando parecía que Riestra controlaría el juego. Con la superioridad táctica del Malevo consolidada en el campo, una acción dentro del área dispuso un penal claro para los dirigidos por Gustavo Benítez. Pero entonces, como tantas veces en esta era digital del arbitraje, la cabina del VAR intervino. Las imágenes revelaron lo que los árbitros Héctor Paletta y Lucas Germanotta consideraron como una mano deliberada en la acción previa. La decisión se invirtió: ahora el penal era para Barracas Central.
Rodrigo Insua ejecutó la pena máxima con precisión. El Guapo rescató un punto que no había buscado activamente durante noventa minutos, un empate que llegó gracias a la mediación tecnológica antes que al desempeño futbolístico. El banco de Riestra se sumió en la incredulidad: Gustavo Benítez levantó los brazos en un gesto de asombro, mientras sus futbolistas intercambiaban miradas descreídas sobre lo que ocurría en el terreno de juego.
Ignacio Arce y Bruno Amiconi: el duelo entre el guardavallas de Riestra y las decisiones arbitrales
La tensión entre Arce e Ignacio tuvo un antecedente. Cuando Riestra celebraba un gol que momentáneamente hacía 2-0, el VAR detectó una infracción. Herrera había definido con precisión desde fuera del área, pero la acción previa contenía una falta del jugador N°27. Amiconi explicó la decisión con las palabras protocolares: “Observo falta en el inicio de la acción del jugador N°27 de Riestra”. Arce, quien había corrido desde su área para protestar cerca del monitor, fue castigado con tarjeta amarilla por su reacción.
Lo que comenzó como un encuentro bajo control de Riestra se transformó en una sucesión de decisiones arbitrales que fragmentaron la narrativa del partido. Amiconi fue convocado dos veces a revisar su criterio, alterando en ambas ocasiones su determinación inicial. La autoridad del árbitro principal, que una vez fuera sagrada, parecía ceder ante la autoridad remota del VAR. Con cada intervención tecnológica, crecía el cuestionamiento sobre quién realmente dirigía el partido: el hombre en el terreno o los árbitros en la cabina.
El legado de Chiqui Tapia en Barracas Central: cuando la política y el fútbol convergen en la cancha
Barracas Central no era solo un equipo lidiando con polémicas arbitrales. Detrás del club estaba Matías Tapia, hijo del actual presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Claudio “Chiqui” Tapia. En el campo, Iván Tapia, hermano de Matías, llevaba la cinta de capitán. Los Tapia son familia de poder en la estructura del fútbol argentino: Chiqui es máximo dirigente de la AFA, mientras que Hugo, suegro de Chiqui a través de su pareja Paola Moyano, es sindicalista y secretario general del gremio de Camioneros.
Esta red de conexiones no es menor en una Argentina donde la política permea cada aspecto del deporte. Barracas Central, con su presencia en la Liga Profesional apenas hace algunos años, obtuvo un punto en su remodelado estadio de la calle Luna, parcialmente gracias a las intervenciones del árbitro que fueron convocado por el VAR. La estructura de poder que rodea al club contrasta con su rendimiento táctico: en el campo, el Guapo careció de ideas claras y no desplegó argumentos futbolísticos sólidos.
Dos equipos, dos historias: cómo los históricos casos de controversia persiguen a ambas instituciones
La singularidad de este encuentro residía en que ambas instituciones cargaban un estigma compartido. Barracas Central y Deportivo Riestra son señalados desde sus irrupciones en la Liga Profesional por la cantidad de decisiones controvertidas que supuestamente los han favorecido. Ambos equipos parecen vivir bajo la sombra de la sospecha, como si estuvieran condenados a replicar un patrón de polémicas que ha marcado sus historias.
Este dualismo de desconfianza es crucial para entender la tarde en el estadio del Guapo. Los hinchas presentes y los televidentes fueron testigos no solo de un encuentro de tercera fecha, sino de la reafirmación de que ciertos equipos, ciertos nombres y ciertas conexiones políticas parecen generar un entorno donde las decisiones arbitrales son constantemente cuestionadas.
La autoridad del VAR en cuestión: ¿quién manda en el fútbol argentino?
Bruno Amiconi, de 39 años, ha protagonizado episodios memorables en su carrera arbitral. En 2017, fue brutalmente golpeado por hinchas durante un partido entre Juventud de Pergamino e Independiente de Chivilcoy, por el torneo Federal B. Tres años después, incomprensiblemente empujó al futbolista Gabriel Sarmiento de Sansinena durante un cotejo de Federal A. En Primera acumula apenas siete partidos y cuatro de la Copa Argentina; en Primera Nacional, 66, y en el Federal A, 50.
Su desempeño en Barracas vs. Riestra no reveló errores groseros hasta el momento de las intervenciones del VAR. Sostenía el partido con autoridad, pero cuando fue convocado, cambió de criterio. En ninguna de las dos ocasiones mantuvo su decisión inicial. Este patrón refleja una realidad creciente: el árbitro principal ya no es la máxima autoridad en el campo. Es el VAR quien parece gobernar los destinos de los partidos en el fútbol argentino.
El reflejo de un sistema en crisis
El empate entre el Guapo y el Malevo no fue solo resultado de dos equipos que se anularon mutuamente en términos futbolísticos. Fue el reflejo de un sistema donde los tecnológicos, las conexiones políticas, las historias de controversia y la autoridad arbitral colisionan de forma caótica. Barracas Central rescató un punto no por su desempeño, sino porque las decisiones arbitrales giraron en su favor cuando más las necesitaba.
Riestra, superior en el terreno de juego, fue penalizado por infracciones que el VAR detectó en acciones altamente discutibles. La tecnología, que prometía claridad, ha generado nuevas capas de confusión. El fútbol argentino sigue tiñéndose de manchas. Y mientras Chiqui Tapia preside la AFA desde su escritorio, sus descendientes cargan con el peso de esa conexión cada vez que un árbitro convocado por el VAR toma una decisión favorable a Barracas Central.
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Arce, VAR y Chiqui Tapia: cómo la familia y las polémicas marcaron el drama de Barracas vs. Riestra
El fútbol argentino volvió a teñirse de suspicacia. En el estadio de Barracas Central, dos instituciones cargadas de estigma por sus decisiones controvertidas protagonizaron un encuentro que reafirmó esa reputación. El empate 1-1 entre el Guapo y el Malevo dejó una estela de interrogantes sobre el rol del VAR, la autoridad arbitral y cómo ciertas conexiones políticas y personales pueden impregnar la narrativa deportiva.
Ignacio Arce, capitán de Deportivo Riestra, fue protagonista involuntario de una tarde que resumía los males crónicos del fútbol profesional argentino. Mientras caminaba sobre la línea del arco con el marcador 1-0 a favor del Malevo, el arquero expresó su frustración al árbitro Bruno Amiconi. Momentos después, esa tensión entre Arce y la autoridad arbitral se convertiría en el epicentro de una controversia que definió el resultado final.
La intervención del VAR que giró el encuentro: de penal para Riestra a empate en tiempo de descuento
El giro dramático llegó cuando parecía que Riestra controlaría el juego. Con la superioridad táctica del Malevo consolidada en el campo, una acción dentro del área dispuso un penal claro para los dirigidos por Gustavo Benítez. Pero entonces, como tantas veces en esta era digital del arbitraje, la cabina del VAR intervino. Las imágenes revelaron lo que los árbitros Héctor Paletta y Lucas Germanotta consideraron como una mano deliberada en la acción previa. La decisión se invirtió: ahora el penal era para Barracas Central.
Rodrigo Insua ejecutó la pena máxima con precisión. El Guapo rescató un punto que no había buscado activamente durante noventa minutos, un empate que llegó gracias a la mediación tecnológica antes que al desempeño futbolístico. El banco de Riestra se sumió en la incredulidad: Gustavo Benítez levantó los brazos en un gesto de asombro, mientras sus futbolistas intercambiaban miradas descreídas sobre lo que ocurría en el terreno de juego.
Ignacio Arce y Bruno Amiconi: el duelo entre el guardavallas de Riestra y las decisiones arbitrales
La tensión entre Arce e Ignacio tuvo un antecedente. Cuando Riestra celebraba un gol que momentáneamente hacía 2-0, el VAR detectó una infracción. Herrera había definido con precisión desde fuera del área, pero la acción previa contenía una falta del jugador N°27. Amiconi explicó la decisión con las palabras protocolares: “Observo falta en el inicio de la acción del jugador N°27 de Riestra”. Arce, quien había corrido desde su área para protestar cerca del monitor, fue castigado con tarjeta amarilla por su reacción.
Lo que comenzó como un encuentro bajo control de Riestra se transformó en una sucesión de decisiones arbitrales que fragmentaron la narrativa del partido. Amiconi fue convocado dos veces a revisar su criterio, alterando en ambas ocasiones su determinación inicial. La autoridad del árbitro principal, que una vez fuera sagrada, parecía ceder ante la autoridad remota del VAR. Con cada intervención tecnológica, crecía el cuestionamiento sobre quién realmente dirigía el partido: el hombre en el terreno o los árbitros en la cabina.
El legado de Chiqui Tapia en Barracas Central: cuando la política y el fútbol convergen en la cancha
Barracas Central no era solo un equipo lidiando con polémicas arbitrales. Detrás del club estaba Matías Tapia, hijo del actual presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Claudio “Chiqui” Tapia. En el campo, Iván Tapia, hermano de Matías, llevaba la cinta de capitán. Los Tapia son familia de poder en la estructura del fútbol argentino: Chiqui es máximo dirigente de la AFA, mientras que Hugo, suegro de Chiqui a través de su pareja Paola Moyano, es sindicalista y secretario general del gremio de Camioneros.
Esta red de conexiones no es menor en una Argentina donde la política permea cada aspecto del deporte. Barracas Central, con su presencia en la Liga Profesional apenas hace algunos años, obtuvo un punto en su remodelado estadio de la calle Luna, parcialmente gracias a las intervenciones del árbitro que fueron convocado por el VAR. La estructura de poder que rodea al club contrasta con su rendimiento táctico: en el campo, el Guapo careció de ideas claras y no desplegó argumentos futbolísticos sólidos.
Dos equipos, dos historias: cómo los históricos casos de controversia persiguen a ambas instituciones
La singularidad de este encuentro residía en que ambas instituciones cargaban un estigma compartido. Barracas Central y Deportivo Riestra son señalados desde sus irrupciones en la Liga Profesional por la cantidad de decisiones controvertidas que supuestamente los han favorecido. Ambos equipos parecen vivir bajo la sombra de la sospecha, como si estuvieran condenados a replicar un patrón de polémicas que ha marcado sus historias.
Este dualismo de desconfianza es crucial para entender la tarde en el estadio del Guapo. Los hinchas presentes y los televidentes fueron testigos no solo de un encuentro de tercera fecha, sino de la reafirmación de que ciertos equipos, ciertos nombres y ciertas conexiones políticas parecen generar un entorno donde las decisiones arbitrales son constantemente cuestionadas.
La autoridad del VAR en cuestión: ¿quién manda en el fútbol argentino?
Bruno Amiconi, de 39 años, ha protagonizado episodios memorables en su carrera arbitral. En 2017, fue brutalmente golpeado por hinchas durante un partido entre Juventud de Pergamino e Independiente de Chivilcoy, por el torneo Federal B. Tres años después, incomprensiblemente empujó al futbolista Gabriel Sarmiento de Sansinena durante un cotejo de Federal A. En Primera acumula apenas siete partidos y cuatro de la Copa Argentina; en Primera Nacional, 66, y en el Federal A, 50.
Su desempeño en Barracas vs. Riestra no reveló errores groseros hasta el momento de las intervenciones del VAR. Sostenía el partido con autoridad, pero cuando fue convocado, cambió de criterio. En ninguna de las dos ocasiones mantuvo su decisión inicial. Este patrón refleja una realidad creciente: el árbitro principal ya no es la máxima autoridad en el campo. Es el VAR quien parece gobernar los destinos de los partidos en el fútbol argentino.
El reflejo de un sistema en crisis
El empate entre el Guapo y el Malevo no fue solo resultado de dos equipos que se anularon mutuamente en términos futbolísticos. Fue el reflejo de un sistema donde los tecnológicos, las conexiones políticas, las historias de controversia y la autoridad arbitral colisionan de forma caótica. Barracas Central rescató un punto no por su desempeño, sino porque las decisiones arbitrales giraron en su favor cuando más las necesitaba.
Riestra, superior en el terreno de juego, fue penalizado por infracciones que el VAR detectó en acciones altamente discutibles. La tecnología, que prometía claridad, ha generado nuevas capas de confusión. El fútbol argentino sigue tiñéndose de manchas. Y mientras Chiqui Tapia preside la AFA desde su escritorio, sus descendientes cargan con el peso de esa conexión cada vez que un árbitro convocado por el VAR toma una decisión favorable a Barracas Central.