La paradoja de Ethereum: cuando la excelencia técnica no genera ganancias en precio

Ethereum enfrenta una de las contradicciones más intrigantes del mercado de criptomonedas en 2025. Mientras su infraestructura técnica se fortalece y su ecosistema se expande de manera acelerada, el precio de ETH se ha desplomado casi un 25% durante el año. Esta brecha entre los fundamentos sólidos y el desempeño bursátil marca un punto de inflexión crucial que está replanteando la comprensión del mercado sobre esta plataforma blockchain de segunda generación.

Los números cuentan una historia desgarradora. ETH alcanzó máximos históricos superiores a los $4,950 durante el año anterior, generando la euforia típica de los ciclos especulativos. Sin embargo, la cotización se ha contraído hasta rondar los $1,970, reflejando una caída acumulada que contrasta violentamente con los logros de su red. En paralelo, la volatilidad del 141% pone de manifiesto la incertidumbre que permea a los participantes del mercado.

El derrumbe de la narrativa ultrasónica tras la Actualización Dencun

La actualización Dencun de marzo de 2024 representa el punto de quiebre donde la tecnología y el valor de mercado comenzaron a divergir irreconciliablemente. Este mejoramiento introdujo EIP-4844, un mecanismo revolucionario que delegó la disponibilidad de datos a través de transacciones Blob, transformando radicalmente la economía de los costos de transacción en la segunda capa de escalamiento.

Desde la perspectiva técnica, el éxito fue indiscutible. Los costos en redes como Arbitrum y Optimism se redujeron más del 90%, mejorando exponencialmente la experiencia del usuario. Sin embargo, la realidad económica reveló un lado oscuro. El sistema de quemado de ETH, que anteriormente proporcionaba un mecanismo de deflación bajo el protocolo EIP-1559, se vio comprometido cuando el suministro de espacio disponible en Blob superó ampliamente la demanda existente.

Antes de Dencun, Ethereum quemaba miles de ETH diariamente en momentos de congestión máxima. Después de la actualización, esa cifra se desplomó dramáticamente. La emisión anual de aproximadamente 1,800 ETH por bloque comenzó a superar la cantidad total quemada, revirtiendo el ecosistema de Ethereum a un estado inflacionario después de años en territorio deflacionario. Según datos de plataformas de análisis especializadas, la tasa de inflación anual se tornó positiva, eliminando la base narrativa del “dinero ultrasónico” que había atraído a inversores desde ciclos anteriores.

Esta transformación desmoralizó a muchos tenedores de largo plazo. Aquellos que habían construido sus tesis de inversión alrededor de la escasez programática de ETH enfrentaron una realidad incómoda: la promesa de deflación desapareció en cuestión de meses, desmantelando el atractivo de un activo que se suponía se volvería más valioso con cada uso.

Layer 2: ¿depredador de valor o arquitectura colaborativa?

El debate más candente en 2025 gira en torno a si las soluciones de segunda capa están canibalizando el valor de la red principal de Ethereum. Los números son preocupantes vistos desde la perspectiva tradicional. Base de Coinbase generó ingresos superiores a $75 millones en 2025, capturando casi el 60% de todas las ganancias del segmento L2. En comparación, Ethereum L1, pese a su actividad intensa durante ciertos períodos, solo generó $39.2 millones en ingresos de protocolo durante su trimestre más activo.

Si Ethereum fuera una empresa tradicional, este panorama se interpretaría como una reducción catastrófica de ingresos mientras la capitalización de mercado permanece elevada. Esto presenta exactamente el perfil de una inversión “cara” para los gestores de fondos de valor tradicionales.

Sin embargo, un análisis más profundo revela complejidades que los indicadores superficiales ocultan. Toda actividad económica en L2 permanece nominada en ETH. Los usuarios pagan comisiones de gas con ETH, los protocolos de finanzas descentralizadas utilizan ETH como garantía principal, y las operaciones se liquidan en esta moneda nativa. A medida que el ecosistema L2 prospera, la liquidez de ETH como unidad de cuenta se fortalece exponencialmente.

La transformación que Ethereum está experimentando no es una derrota, sino un cambio de modelo de negocio: de servicio directo al consumidor (B2C) a proveedor de infraestructura (B2B). Las tarifas de Blob que pagan las redes L2 a L1 representan esencialmente la compra de seguridad y disponibilidad de datos. Aunque estas tarifas actualmente son marginales, el modelo de ingresos B2B puede demostrar ser más sostenible que depender de usuarios minoristas cuando el número de usuarios L2 se multiplique.

Es comparable a la transición de una empresa minorista a una mayorista: aunque la ganancia por transacción disminuye, el volumen alcanzable compensa ampliamente. El mercado simplemente aún no ha integrado esta realidad en sus valoraciones.

Presión competitiva desde múltiples direcciones

El ecosistema de Ethereum enfrenta desafíos sin precedentes desde rivales que avanzan aceleradamente. El reporte de desarrolladores de Electric Capital de 2025 confirma que Ethereum mantiene la primacía: 31,869 desarrolladores activos durante el año entero, una cifra que ningún otro ecosistema ha conseguido equiparar.

No obstante, Ethereum está perdiendo tracción en la captación de nuevo talento tecnológico. Solana exhibe 17,708 desarrolladores activos, reflejando un incremento interanual del 83% y emergiendo como el destino preferido para desarrolladores emergentes. La diferenciación es aún más crítica cuando se examina verticales específicas de la industria.

En el sector de finanzas de pago, Solana ha consolidado una posición dominante aprovechando su alto throughput (TPS) y comisiones ínfimas. El lanzamiento de PYUSD de PayPal en la red de Solana ha acelerado el crecimiento, mientras que instituciones como Visa comienzan a experimentar transacciones comerciales a escala en la plataforma.

En el emergente sector de DePIN (infraestructura física descentralizada), Ethereum sufrió un revés estratégico. La fragmentación entre L1 y L2, combinada con la volatilidad de las comisiones de gas, motivó que proyectos líderes como Render Network migraran hacia Solana en noviembre de 2023. Helium e Hivemapper, otros referentes en el segmento DePIN, también eligieron alternativas.

Ethereum, sin embargo, no ha sido completamente desplazado. Su dominio en los sectores de RWA (tokenización de activos del mundo real) y finanzas institucionales permanece incuestionable. El fondo BUIDL de $2 mil millones de BlackRock está fundamentalmente construido sobre Ethereum, transmitiendo una señal clara: las instituciones financieras tradicionales solo confían en la seguridad de Ethereum para la liquidación de activos valuados en cientos de millones de dólares.

En el mercado de monedas estables, Ethereum controla el 54% del volumen, equivalente a aproximadamente $170 mil millones, manteniéndose como el vehículo principal para la versión blockchain del “dólar digital”.

Esta bifurcación competitiva refleja posicionamientos ecológicos distintos: Ethereum atrae a arquitectos e investigadores experimentados idóneos para construir finanzas descentralizadas sofisticadas e infraestructura financiera, mientras que sus competidores capturan desarrolladores de capa de aplicación provenientes del ecosistema Web2, orientándolos hacia aplicaciones orientadas al consumidor.

La postura cautelosa de Wall Street

El reconocimiento institucional que Ethereum esperaba no ha materializado en la magnitud anticipada. Los datos de plataformas de análisis especializadas revelan que los fondos cotizados (ETF) de Ethereum recibieron entradas netas de aproximadamente $9.8 mil millones hacia el cierre del año, cifra que empequeñece ante los $21.8 mil millones canalizados hacia ETF de Bitcoin.

¿Por qué las instituciones mantienen una actitud de frialdad relativa hacia Ethereum? El factor determinante radica en restricciones regulatorias que limitaron las funcionalidades de los ETF al contado listados en 2025. Las instituciones priorizan flujos de efectivo, y aquí es donde Ethereum enfrenta una desventaja crucial.

El rendimiento nativo por staking de Ethereum (3-4% anual) constituía su principal ventaja competitiva respecto a los bonos del Tesoro estadounidense. No obstante, para inversionistas de fondos como BlackRock o Fidelity, mantener un activo de riesgo “sin compensación” (ETH dentro de un ETF) resulta significativamente menos atractivo que posiciones en bonos del Tesoro o acciones de alto dividendo. Esta dinámica ha generado un efecto “techo” en las entradas de capital institucional.

Existe un problema más estructural: la ambigüedad en el posicionamiento de Ethereum. En el ciclo de 2021, las instituciones conceptualizaban ETH como el “índice de tecnología” del mercado cripto, es decir, un activo de alta beta: en mercados alcistas, ETH debería superar a Bitcoin significativamente. Esta lógica ha perdido validez en 2025. Si las instituciones buscan estabilidad, gravitarán hacia Bitcoin; si persiguen riesgo y retorno elevados, recurrirán a otras blockchains de alto rendimiento o activos relacionados con inteligencia artificial.

El “alfa” diferencial de ETH ha evaporado.

No obstante, la desinversión institucional no ha sido total. El compromiso de $2 mil millones de BlackRock se mantiene íntegramente en Ethereum, enviando una señal cristalina: para la liquidación de activos valuados en cientos de millones de dólares, las instituciones financieras tradicionales solo confían en la seguridad y certeza legal de Ethereum. La actitud institucional es mejor caracterizada como “reconocimiento estratégico combinado con observación táctica”.

Cinco vectores hacia la recuperación de valor

Frente a la contracción actual, Ethereum dispone de múltiples caminos para reconfigurar su narrativa y atractivo de inversión.

Primero, desbloquear el potencial de los ETF de staking. El actual ETF de 2025 representa un “producto incompleto”. Los tenedores institucionales de ETH no acceden a las recompensas de staking. En el momento que se apruebe un ETF que integre capacidades de staking, ETH se transformará instantáneamente en un activo denominado en dólares con retornos anualizados de 3-4%. Para fondos de pensiones globales y fondos soberanos, este tipo de activo, combinando apreciación tecnológica con ingresos fijos garantizados, se convertirá en un componente estándar en sus asignaciones de cartera.

Segundo, la expansión del fenómeno RWA. Ethereum está evolucionando hacia el nuevo backend para Wall Street. A medida que más bonos gubernamentales, bienes raíces y fondos de capital privado migren hacia blockchains durante 2026, Ethereum respaldará billones en activos digitalizados. Aunque estos no necesariamente generarán altas comisiones de gas, bloquearán cantidades masivas de ETH como liquidez y garantía, contrayendo dramáticamente la oferta circulante en mercados secundarios.

Tercero, la rebalanza en oferta y demanda de espacio Blob. El desajuste deflacionario ocasionado por Dencun es fundamentalmente un desequilibrio temporal. La tasa de utilización de espacio Blob actualmente ronda apenas el 20-30%. A medida que aplicaciones transformadoras emerjan en L2 (videojuegos Web3, finanzas sociales), el espacio Blob se saturará. Una vez esto ocurra, sus tarifas se multiplicarán exponencialmente. Analistas proyectan que con el crecimiento del volumen transaccional L2, las tarifas de Blob podrían contribuir entre 30-50% de la quema total de ETH para 2026, reactivando la trayectoria deflacionaria de “dinero ultrasónico”.

Cuarto, avances en interoperabilidad L2. La fragmentación actual del ecosistema L2 representa el obstáculo principal para adopción masiva. Iniciativas como Superchain de Optimism y AggLayer de Polygon están construyendo una capa de liquidez unificada. Lo más relevante: esta infraestructura se basa en tecnología de secuenciador compartido de L1, permitiendo que todos los L2 compartan los mismos secuenciadores descentralizados. Esto no solo resolvería intercambios atómicos cross-chain, sino también permitiría que L1 recupere valor (los secuenciadores requieren staking de ETH). Cuando los usuarios puedan navegar entre Base, Arbitrum y Optimism tan fluidamente como entre mini aplicaciones, el efecto de red del ecosistema Ethereum explotará exponencialmente.

Quinto, la hoja de ruta tecnológica de 2026. La evolución de Ethereum continúa inexorablemente. Glamsterdam (primer semestre de 2026) optimizará la capa de ejecución, mejorando dramáticamente la eficiencia de desarrollo y la seguridad de contratos, reduciendo costos transaccionales y preparando el terreno para finanzas descentralizadas de grado institucional. Hegota (segundo semestre) y los Árboles de Verkle son componentes críticos en el juego final. Los Árboles de Verkle permitirán clientes sin estado, significando que usuarios podrán verificar la integridad de Ethereum en dispositivos móviles o navegadores sin descargar terabytes de datos históricos. Esto posicionaría a Ethereum décadas adelante de cualquier competidor en descentralización verificable.

El cambio de modelo: de especulación minorista a infraestructura global

El “rendimiento deficiente” de Ethereum en 2025 no refleja fracaso, sino transformación dolorosa: de una “plataforma especulativa minorista” hacia una “infraestructura financiera global”. La red ha sacrificado ingresos de L1 a corto plazo para conseguir escalabilidad ilimitada. Ha priorizado cumplimiento regulatorio y solidez de seguridad sobre aumentos acelerados de precio, fortaleciendo su posición como base para activos de grado institucional.

Este cambio fundamental en el modelo de negocio—de consumidor directo (B2C) hacia modelo de negocio business-to-business (B2B)—de captura de comisiones transaccionales hacia convertirse en una capa de liquidación planetaria, explica la divergencia actual. Para los inversionistas, Ethereum en 2026 es análogo a Microsoft a mediados de la década de 2010 cuando ejecutaba su transición a servicios en la nube: aunque el precio de sus acciones estaba temporalmente deprimido enfrentando presión competitiva emergente, sus profundos efectos de red y fortalezas estructurales estaban acumulando energía para la próxima fase de expansión.

La pregunta fundamental no es si Ethereum puede recuperar valor, sino cuándo reconocerá el mercado la magnitud de esta transformación estratégica.

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