El deseo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de reducir las tasas de interés es evidente; busca disminuirlas de manera rápida y significativa, y la tendencia actual de depreciación de la moneda parece favorecerlo. Sin embargo, esta intención contrasta con el compromiso de la Secretaria del Tesoro, Janet Yellen, y del nominado a presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, de mantener un “dólar fuerte”, generando una tensión política clara. Encontrar un equilibrio entre la preferencia presidencial por un dólar débil y la preservación del estatus del dólar como moneda de reserva se ha convertido en un desafío para Washington.
Según Bloomberg, Trump ha expresado recientemente su aprobación por la caída del dólar en aproximadamente un 10% en el último año (el tipo de cambio ponderado por comercio alcanzó su nivel más bajo desde 2022), afirmando que esto beneficia a los negocios. Sin embargo, al día siguiente de estas declaraciones, la Secretaria del Tesoro, Janet Yellen, tuvo que salir a negar que Estados Unidos estuviera interviniendo en el mercado de divisas para devaluar el dólar, reiterando que EE. UU. mantiene su política de “dólar fuerte”. Yellen intentó armonizar las declaraciones del presidente con la política oficial, destacando que el tipo de cambio no es un objetivo en sí mismo, sino que lo importante es atraer capital mediante fundamentos económicos sólidos, como impuestos bajos y regulación más inteligente.
Por su parte, Jerome Powell, quien reemplazará a Jerome Powell como presidente de la Reserva Federal, parece compartir una visión similar. El columnista de Bloomberg, Clive Crook, analiza que esta ambigüedad en la política hace difícil para los mercados entender las verdaderas intenciones de Washington. Por un lado, una “competitiva” devaluación del dólar para impulsar las exportaciones; por otro, la defensa de un “dólar fuerte” para mantener la hegemonía financiera. La cuestión es cómo lograr ambos objetivos mediante aranceles, intervenciones en el mercado de divisas y la coordinación entre la Fed y el Departamento del Tesoro, lo cual conlleva riesgos de ejecución considerables.
Aunque Yellen y Powell mantienen actualmente una postura ambigua para evitar conflictos directos con la Casa Blanca, en esencia sus prioridades pueden divergir. Yellen se enfoca en la estabilidad de la deuda y el tipo de cambio, mientras que Powell debe centrarse en controlar la inflación. Si la economía se deteriora, por ejemplo, si el dólar se desploma sin control o la inflación rebota, esa aparente unidad se verá comprometida, y la Casa Blanca podría verse obligada a buscar un “chivo expiatorio” entre ambos.
El dilema del “dólar fuerte” en medio de la incertidumbre política
La actitud de Trump respecto a las tasas de interés y el tipo de cambio difiere notablemente de las declaraciones públicas de sus altos funcionarios económicos. Cuando se le preguntó sobre la caída del dólar desde que asumió el cargo, Trump afirmó que “es genial” y que favorece a los negocios. Sin embargo, esta postura obligó rápidamente a Yellen a hacer declaraciones de contención, argumentando que intervenir en el mercado para manipular el tipo de cambio sería un “error”, y que mientras la economía estadounidense sea sólida, el dólar se sostendrá por sí mismo a través del flujo de capitales.
En 2010, Jerome Powell, entonces miembro de la Junta de la Reserva Federal, dejó claro que el estatus del dólar como moneda de reserva mundial no es “un derecho inherente”, sino que debe “ganarse” mediante una economía fuerte y mercados financieros profundos. Esta visión implica que los responsables de la política no deben manipular directamente los precios, sino centrarse en mantener la posición del dólar.
Estrategias duales: devaluar y mantener la posición
¿Cómo puede Estados Unidos promover una devaluación del dólar para reducir su déficit comercial, sin sacrificar al mismo tiempo su hegemonía financiera? Stephen Miran, ex asesor de la Casa Blanca y actual miembro interino de la Junta de la Reserva Federal, propone un marco teórico: utilizar todas las herramientas a disposición en Washington. Esto incluye aplicar aranceles punitivos no solo para proteger a los productores nacionales, sino también para disuadir a países que intenten “desdolarizarse”; intervenir en el mercado de divisas para bajar el dólar; e incluso usar políticas fiscales, como impuestos “retaliatorios”, para castigar a países que se perciban como fuentes de capital que perjudican los intereses estadounidenses.
Bajo esta estrategia, una moneda débil favorece las exportaciones, mientras que la defensa enérgica del estatus del dólar mantiene la “ventaja clave” que Powell menciona. Sin embargo, esto requeriría que el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal establezcan una especie de alianza nueva, usando la gestión de la deuda pública para influir en la política monetaria.
Un posible nuevo “acuerdo” entre la Fed y el Tesoro
Bloomberg informa que Yellen y Powell están considerando un nuevo “acuerdo” entre la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro. Aunque los detalles aún no están claros, parece que existen diferencias en sus enfoques. Powell tiende a preferir reducir el papel de la Fed, similar al acuerdo de 1951, que buscaba delimitar claramente las funciones de política monetaria y fiscal.
Por otro lado, Miran propone una “fusión”: si las intervenciones del Tesoro provocan una depreciación del dólar y una venta masiva de bonos estadounidenses por parte de extranjeros, la Fed intervendría comprando bonos para limitar la subida de los rendimientos a largo plazo (control de la curva de rendimiento). En teoría, la Fed seguiría siendo independiente en la fijación de tasas a corto plazo, pero su balance se usaría para apoyar los objetivos del Tesoro en cuanto a tipo de cambio y rendimientos. Esto genera preocupación en los mercados, que temen que tal coordinación pueda desviar a la Fed de su misión principal de luchar contra la inflación.
Ambigüedad en el consenso y posibles “chivos expiatorios”
Frente a las declaraciones impredecibles del White House en temas de dólar, tasas, aranceles y más, la estrategia actual de Yellen y Powell es mantener un discurso ambiguo. Esta “confusión económica” se ha convertido en una necesidad profesional.
No obstante, sus objetivos finales no son exactamente iguales. Yellen, como Secretaria del Tesoro, busca tasas de interés moderadas en los bonos a 10 años y estabilidad monetaria; Powell, como presidente de la Fed, debe defender la independencia del banco central y controlar la inflación. Si la economía se deteriora —por ejemplo, si el dólar continúa cayendo intencionadamente o sin querer, elevando los rendimientos, provocando caídas en las bolsas y rebotando la inflación—, las prioridades de ambos se verán en conflicto.
En ese momento, la Casa Blanca tendrá que buscar a alguien responsable del fracaso de la política económica, y en medio del caos de un dólar en caída y una posición debilitada, uno o ambos, o incluso los dos, podrían terminar siendo “el chivo expiatorio” de la situación.
Advertencias y exenciones legales
El mercado tiene riesgos, y la inversión debe hacerse con precaución. Este artículo no constituye asesoramiento financiero personal ni considera las circunstancias particulares de cada usuario. Los lectores deben evaluar si las opiniones, ideas o conclusiones aquí expresadas son apropiadas para su situación específica. La responsabilidad por las decisiones de inversión recae en cada quien.
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Cuando las expectativas de devaluación se enfrentan a la promesa de un "dólar fuerte", ¿quién será el "chivo expiatorio" entre Beasant y Wosh?
El deseo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de reducir las tasas de interés es evidente; busca disminuirlas de manera rápida y significativa, y la tendencia actual de depreciación de la moneda parece favorecerlo. Sin embargo, esta intención contrasta con el compromiso de la Secretaria del Tesoro, Janet Yellen, y del nominado a presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, de mantener un “dólar fuerte”, generando una tensión política clara. Encontrar un equilibrio entre la preferencia presidencial por un dólar débil y la preservación del estatus del dólar como moneda de reserva se ha convertido en un desafío para Washington.
Según Bloomberg, Trump ha expresado recientemente su aprobación por la caída del dólar en aproximadamente un 10% en el último año (el tipo de cambio ponderado por comercio alcanzó su nivel más bajo desde 2022), afirmando que esto beneficia a los negocios. Sin embargo, al día siguiente de estas declaraciones, la Secretaria del Tesoro, Janet Yellen, tuvo que salir a negar que Estados Unidos estuviera interviniendo en el mercado de divisas para devaluar el dólar, reiterando que EE. UU. mantiene su política de “dólar fuerte”. Yellen intentó armonizar las declaraciones del presidente con la política oficial, destacando que el tipo de cambio no es un objetivo en sí mismo, sino que lo importante es atraer capital mediante fundamentos económicos sólidos, como impuestos bajos y regulación más inteligente.
Por su parte, Jerome Powell, quien reemplazará a Jerome Powell como presidente de la Reserva Federal, parece compartir una visión similar. El columnista de Bloomberg, Clive Crook, analiza que esta ambigüedad en la política hace difícil para los mercados entender las verdaderas intenciones de Washington. Por un lado, una “competitiva” devaluación del dólar para impulsar las exportaciones; por otro, la defensa de un “dólar fuerte” para mantener la hegemonía financiera. La cuestión es cómo lograr ambos objetivos mediante aranceles, intervenciones en el mercado de divisas y la coordinación entre la Fed y el Departamento del Tesoro, lo cual conlleva riesgos de ejecución considerables.
Aunque Yellen y Powell mantienen actualmente una postura ambigua para evitar conflictos directos con la Casa Blanca, en esencia sus prioridades pueden divergir. Yellen se enfoca en la estabilidad de la deuda y el tipo de cambio, mientras que Powell debe centrarse en controlar la inflación. Si la economía se deteriora, por ejemplo, si el dólar se desploma sin control o la inflación rebota, esa aparente unidad se verá comprometida, y la Casa Blanca podría verse obligada a buscar un “chivo expiatorio” entre ambos.
El dilema del “dólar fuerte” en medio de la incertidumbre política
La actitud de Trump respecto a las tasas de interés y el tipo de cambio difiere notablemente de las declaraciones públicas de sus altos funcionarios económicos. Cuando se le preguntó sobre la caída del dólar desde que asumió el cargo, Trump afirmó que “es genial” y que favorece a los negocios. Sin embargo, esta postura obligó rápidamente a Yellen a hacer declaraciones de contención, argumentando que intervenir en el mercado para manipular el tipo de cambio sería un “error”, y que mientras la economía estadounidense sea sólida, el dólar se sostendrá por sí mismo a través del flujo de capitales.
En 2010, Jerome Powell, entonces miembro de la Junta de la Reserva Federal, dejó claro que el estatus del dólar como moneda de reserva mundial no es “un derecho inherente”, sino que debe “ganarse” mediante una economía fuerte y mercados financieros profundos. Esta visión implica que los responsables de la política no deben manipular directamente los precios, sino centrarse en mantener la posición del dólar.
Estrategias duales: devaluar y mantener la posición
¿Cómo puede Estados Unidos promover una devaluación del dólar para reducir su déficit comercial, sin sacrificar al mismo tiempo su hegemonía financiera? Stephen Miran, ex asesor de la Casa Blanca y actual miembro interino de la Junta de la Reserva Federal, propone un marco teórico: utilizar todas las herramientas a disposición en Washington. Esto incluye aplicar aranceles punitivos no solo para proteger a los productores nacionales, sino también para disuadir a países que intenten “desdolarizarse”; intervenir en el mercado de divisas para bajar el dólar; e incluso usar políticas fiscales, como impuestos “retaliatorios”, para castigar a países que se perciban como fuentes de capital que perjudican los intereses estadounidenses.
Bajo esta estrategia, una moneda débil favorece las exportaciones, mientras que la defensa enérgica del estatus del dólar mantiene la “ventaja clave” que Powell menciona. Sin embargo, esto requeriría que el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal establezcan una especie de alianza nueva, usando la gestión de la deuda pública para influir en la política monetaria.
Un posible nuevo “acuerdo” entre la Fed y el Tesoro
Bloomberg informa que Yellen y Powell están considerando un nuevo “acuerdo” entre la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro. Aunque los detalles aún no están claros, parece que existen diferencias en sus enfoques. Powell tiende a preferir reducir el papel de la Fed, similar al acuerdo de 1951, que buscaba delimitar claramente las funciones de política monetaria y fiscal.
Por otro lado, Miran propone una “fusión”: si las intervenciones del Tesoro provocan una depreciación del dólar y una venta masiva de bonos estadounidenses por parte de extranjeros, la Fed intervendría comprando bonos para limitar la subida de los rendimientos a largo plazo (control de la curva de rendimiento). En teoría, la Fed seguiría siendo independiente en la fijación de tasas a corto plazo, pero su balance se usaría para apoyar los objetivos del Tesoro en cuanto a tipo de cambio y rendimientos. Esto genera preocupación en los mercados, que temen que tal coordinación pueda desviar a la Fed de su misión principal de luchar contra la inflación.
Ambigüedad en el consenso y posibles “chivos expiatorios”
Frente a las declaraciones impredecibles del White House en temas de dólar, tasas, aranceles y más, la estrategia actual de Yellen y Powell es mantener un discurso ambiguo. Esta “confusión económica” se ha convertido en una necesidad profesional.
No obstante, sus objetivos finales no son exactamente iguales. Yellen, como Secretaria del Tesoro, busca tasas de interés moderadas en los bonos a 10 años y estabilidad monetaria; Powell, como presidente de la Fed, debe defender la independencia del banco central y controlar la inflación. Si la economía se deteriora —por ejemplo, si el dólar continúa cayendo intencionadamente o sin querer, elevando los rendimientos, provocando caídas en las bolsas y rebotando la inflación—, las prioridades de ambos se verán en conflicto.
En ese momento, la Casa Blanca tendrá que buscar a alguien responsable del fracaso de la política económica, y en medio del caos de un dólar en caída y una posición debilitada, uno o ambos, o incluso los dos, podrían terminar siendo “el chivo expiatorio” de la situación.
Advertencias y exenciones legales
El mercado tiene riesgos, y la inversión debe hacerse con precaución. Este artículo no constituye asesoramiento financiero personal ni considera las circunstancias particulares de cada usuario. Los lectores deben evaluar si las opiniones, ideas o conclusiones aquí expresadas son apropiadas para su situación específica. La responsabilidad por las decisiones de inversión recae en cada quien.