Desde el exilio en Buenos Aires, esta venezolana sobrevive el encierro de su madre en El Helicoide

Gabriela Hernández dejó Venezuela hace poco más de un año con el dolor de haber tenido que abandonar a su madre entre rejas. Mientras su abuela intenta mantener la esperanza visitando cada semana a Nélida Sánchez en la prisión política más temida de Caracas, la abogada de 32 años relata desde Buenos Aires cómo su progenitora sigue con vida en condiciones extremas. “Mi mamá está en una celda sin ventanas. Una de las primeras cosas que pidió cuando pudo comunicarse fue un reloj, porque no sabe ni cuándo es de día o de noche”, cuenta con la voz quebrada.

La trampa del Sebin: cómo fue capturada esta venezolana activista

Todo comenzó el 26 de agosto de 2024, en plenos días de convulsión política en Venezuela. El régimen de Nicolás Maduro se había autoproclamado ganador de las elecciones nacionales mientras la oposición exponía las actas que evidenciaban el fraude. Ese día, Nélida Sánchez recibió una llamada de su expareja informándole sobre una supuesta hospitalización por infarto. Cuando se dirigía al centro médico, dos agentes encubiertos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional la interceptaron. “La iban a llevar solo a la comisaría para una entrevista”, cuenta Gabriela. Fue un engaño coordinado.

Su exnovio había sido detenido por el Sebin un día antes y fue obligado a realizar la llamada. Lo que parecería ser unas horas de custodia se convirtió en una reclusión indefinida. Nélida ingresó a aquella comisaría el lunes y nunca regresó a casa.

Por qué persiguieron a esta venezolana: el papel de Súmate en denunciar el fraude

Tanto Nélida como Gabriela eran voluntarias en Súmate, la asociación civil fundada en 2002 por María Corina Machado. Dentro de la organización, la madre de Gabriela era responsable de coordinar la capacitación de los fiscales electorales, también conocidos como observadores electorales. Esta tarea la convirtió en blanco del régimen.

“El Sebin la buscaba principalmente por su rol en la publicación de las actas electorales que Súmate difundió. Cuando la interrogaban, insistían mucho en obtener información sobre quiénes estuvieron involucrados en ese proceso. Pero ella no fue quien operativamente llevó a cabo la publicación”, explica Gabriela. El régimen no encontró a los líderes de Súmate, así que decidió recluir a la madre como represalia. “Básicamente, la detuvieron porque no pudieron encontrar a las personas que realmente buscaban”, precisa.

Encerrada en la oscuridad: la vida cotidiana en El Helicoide

Nélida fue trasladada a El Helicoide, el edificio de máxima seguridad que funciona como prisión de la inteligencia venezolana. Allí, la madre de Gabriela comparte una celda con otras tres mujeres, todas presas políticas. Las condiciones son brutales: paredes ciegas sin ventanas, puertas metálicas con apenas una rejilla diminuta que solo se abre desde afuera.

La rutina diaria es monótona y deprimente. Despierta sin saber si afuera llueve o brilla el sol. Come en la oscuridad, comparte espacio reducido con sus compañeras, espera días que no le permiten salir al patio. Durante meses, el régimen solo autorizaba dos salidas semanales de 30 minutos al patio. Hubo períodos en que las celdas permanecían bajo llave todo el día.

A pesar de estas condiciones inhumanas, se ha formado una comunidad de solidaridad entre las presas. Nélida, de naturaleza servicial, ha pedido ropa y zapatos para nuevas reclusas que llegan desde otros estados, muchas cuyos familiares ni siquiera saben que están presas. “Se ha creado una hermandad muy bonita”, comenta Gabriela. “Cualquier preso político liberado te lo dirá: en la adversidad surge una fraternidad extraordinaria”.

Los cargos: cinco acusaciones sin pruebas accesibles

El régimen acusa a Nélida de cinco delitos: asociación para delinquir, incitación al odio, terrorismo, conspiración y traición a la patria. Sin embargo, ella no tiene acceso a su expediente judicial, tampoco a un defensor privado. El sistema carcelario impide que los abogados particulares ingresen a El Helicoide.

Es la hermana menor de Gabriela quien, desde Venezuela, lleva adelante todo el proceso legal. Asiste a las audiencias en la Defensoría, comparece ante los tribunales y realiza las visitas semanales. También la abuela se suma a estos encuentros. Ambas se encuentran con Nélida una vez a la semana, sentadas en una mesa en el pasillo, junto a la reja de la celda.

El exilio de esta venezolana: cuando tienes que abandonar todo

Cuando comenzó la persecución, Gabriela estaba en Colombia por trabajo. Su familia le advirtió que no volviera a Venezuela. Con el corazón roto, se mudó imprevistamente a Buenos Aires hace poco más de un año. Abandonó su profesión, su familia, su tierra. Pero ganó seguridad: si hubiera permanecido en Venezuela, probablemente también estaría encarcelada.

Cada mañana se despierta en la capital argentina con la esperanza de recibir noticias de liberación. Con el cambio político que comenzó en enero cuando Nicolás Maduro fue capturado y se produjo la intervención estadounidense, hay más posibilidades de que su madre sea liberada en las tandas de excarcelaciones que han comenzado. Desde el 3 de enero, cuando escucharon los bombardeos en Caracas, el clima en El Helicoide cambió. La esperanza entró por primera vez en esa prisión.

La espera cotidiana: vivir con una ilusión que se renueva cada amanecer

Para la familia de Gabriela, cada día es una montaña rusa emocional. A la noche, cuando termina el día sin noticias, la esperanza se desvanece. Pero al amanecer, renace. Su abuela repite cada mañana: “Hoy es el día que llega mi hija”.

La familia ha encontrado formas de mantenerse unida a la distancia. Cada mañana se saludan a través de un grupo de WhatsApp. Si uno decae, el resto lo levanta. Gabriela reconoce que este apoyo mutuo ha sido fundamental para sobrevivir el exilio y la angustia.

Hace poco, durante una visita, Gabriela supo que su madre se había acicalado: se arregló las uñas, se pintó el cabello. Tiene todo recogido, esperando el día en que la llamen y le digan que puede irse a casa. Es la primera vez en año y medio que Nélida vive con tanta esperanza real. Su cumpleaños número 57 está próximo, y si es liberada antes de ese día, podría celebrarlo por primera vez en libertad desde su detención.

Readaptación y reencuentro: qué espera esta venezolana cuando su madre sea libre

“Si la liberan, no voy a regresar a Venezuela. Mientras Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez mantengan poder, cualquiera puede ser detenido en cualquier momento”, advierte Gabriela. Las condiciones de seguridad aún no permiten el retorno.

Cuando su madre salga, enfrentará un proceso de readaptación profundo. Un año y medio en una celda ciega marca el cuerpo y la mente. Tendrá que reaprender a despertarse en su propia cama, a entender que vuelve a ser libre, a procesar el trauma de la reclusión. Este será un camino lento y delicado.

Gabriela sueña con el día en que pueda traer a su madre a Buenos Aires para que vea dónde ha vivido este último año. “Quiero que vea lo hermosa que es esta ciudad, que vea dónde he estado”, dice. Primero, la readaptación. Luego, el reencuentro. Y tal vez, algún día, esta venezolana exiliada pueda volver a estar junto a su madre sin temor.

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